He tenido suerte. Gané el primer lugar del concurso nacional para poetas zurdos con mi primer poemario: “Desde esta cucarachil acera”. Desde entonces he sido objeto de un sin fin de elogios, reconocimientos e invitaciones. A raíz de ello, tuve la oportunidad de asistir a un simposio internacional para creadores zurdos, celebrado en Barcelona, en el que tuve el honor de representar a la delegación mexicana. Desde el primer día poetas de todos los rincones del mundo comenzaron a elogiarse y a criticarse sin cesar, el alcohol corrió en proporciones wagnerianas, y todos los días eran amenizados por madrizas entre los participantes del evento, infidelidades de vario tipo, movimientos y manifiestos poéticos que surgían y desaparecían con igual celeridad y muchas otras curiosidades que pueden verse en este tipo de círculos. Mi asombro no conoció límites durante varias noches. Mucho de lo que yo concebía como patrimonio exclusivo de semidioses se me ofreció en charola de plata durante toda una semana: coger con putas del bloque oriental acompañado del grupo de poetas presocráticos, discutir sobre lo mal que está el país en una mesa repleta de intelectuales mexicanos pedísimos, enamorarme y ser correspondido de la chava de uno de ellos, asistir a simposios en donde los panelistas se tenían jurado mutuamente odio perenne, aprender albures que harían ruborizar a Polo Polo, conocer a un verdadero heideggeriano, a varias personas que afirman haber conocido personalmente a Roberto Bolaño y conocer también a uno de los achichincles de Paz. Como es natural casi todo el tiempo la pasé con los mexicanos. Abriéndonos paso entre los turistas que a toda hora brotan a tu encuentro, terminábamos las noches en medio de un caos intolerable. A los últimos participantes en llegar al Barcelona los detuvieron en el aeropuerto, y luego de muchos trámites para lograr sacarlos del apuro, procedieron a emborracharse y terminaron mentándoles la madre a sus benefactores. Todo claro está, con apego estricto a las refinadas normas de la diplomacia.

 

En uno de los primeros eventos, fuimos junto con la delegación de poetas pepenadores a un pueblo en la provincia de Girona, que fueron convocados a leer y sobre todo, a actuar sus poemas ante la alta burguesía del lugar, compuesta como siempre por señoras de alto copete que no supieron cómo reaccionar ante el desnudo espontáneo de uno de los poetas, (pedos incluidos) que fiel a su costumbre se bebió una botella entera de whisky de dudosa calidad. Después de la correspondiente amonestación por parte de las autoridades locales, amagos de incidentes diplomáticos, pintadas de mocos y mentadas de madre, abordamos nuestro autobús con la dignidad fortalecida, no sin antes asegurarnos de llevar las suficientes cervezas y botellas de cava para las largas 3 horas de camino de vuelta a Barcelona. Por supuesto y pese a las encarecidas y enérgicas consignas del chofer (que apenas si fueron oídas debido al elevado volumen de las canciones rancheras y gritos de mariachi de inspirado cuño como: “¡¡¡Te pago y me lastimas!!!”), varios poetas juzgaron inequívocamente oportuno -después de sesudos y apasionados debates- vomitar la parte trasera del autobús. Los pasillos quedaron hechos una sopa, lo cual no impidió al achichincle de Paz, (cuya identidad guardaré celosamente, por mínimo respeto a su dignidad vomitada), quedarse dormido sobre los poemas satíricos que con tanto y afectado celo leyó y releyó ante los poetas pepenadores y ante las señoras ya mencionadas, llenándose su saco, cara y pantalones de vómitos de diferentes genealogías (ilustradas, románticas y malditas, quiero decir).

 

De célebre memoria resultó la apasionada reyerta entre el grupo de poetas taoístas y el de los pedoetas, también conocidos como el grupo de los poetas pedos.. No lograron entender sino hasta el final que desde un principio querían reconocerse sus méritos de forma mutua. Los pedoetas citaron a un ancestro de los poetas taoístas, Li Po, célebre teporocho, como ejemplo claro y suficiente de que transitaban por sendas hermanadas. En retribución, los poetas taoístas ofrecieron que apenas pisaran suelo mexicano, exigirían “hasta sus últimas consecuencias”, la inscripción en letras de oro en el salón de plenos del Congreso de la Unión, el nombre “Cantinflas”, en reconocimiento a los antiguos días en que ambas facciones estaban unidas por los oráculos (enigmáticos y cantinflescos) de una parte, y por los ritos báquicos de la otra. (No quedó claro si Cantinflas era un pedote o no, pero a nadie pareció importarle) Después de varias rondas de tequilas ambos grupos se fueron abrazados unos con otros a celebrar una sesión de Youtube en donde se pusieron canciones de José José y Chava Flores, películas de Piporro, videos de ovnis y una entrevista con Juan Rulfo. Fue esa la sesión donde apenas vi que la esposa del poeta estatal de Coahuila se metió a mear, me metí al baño detrás de ella, puse el seguro y siguiendo las recomendaciones del ya mencionado crítico heideggeriano, procedí a bajarle los calzones de forma por demás precipitada. Me sigue sorprendiendo hasta ahora que no haya ofrecido resistencia alguna (puede ser porque ambos estábamos pedísimos), y el hecho de que al parecer nadie nos haya echado de menos, pues una cogida tan incómoda y fría como la que nos echamos en ese baño no fue cosa de dos minutos. En fin, en honor a ella, he de decir que nunca en el resto de la semana pudimos encontrarnos ni en el baño ni en ningún otro sitio.

 

Al día siguiente sucedió algo que nos bajó la moral por el resto de la semana. Estando en el cocktel de presentación de la nueva revista “left & arte” (leftandtarte), uno de nuestros más insignes poetas, Adolfo Gorostiza, enigmático personaje que aseguraba haber hecho un montón de cosas que a nadie constaban pero que era sin duda un buen poeta; a mitad del evento se puso inexplicablemente nervioso y pretextó hacer alguna llamada telefónica para retirarse de allí al instante. Nunca más lo volvimos a ver. La situación no es trágica, al menos no en el sentido violento de la palabra. Lo que pasó fue lo siguiente, y es lo que yo he podido reconstruir a partir de los rumores tanto de esa noche como de los días siguientes. Resulta que el comité organizador del evento había invitado a una delegación de poetas ucranianos entre las que figuraba una bella mujer que era capaz de escribir poesía con ambas manos. Al parecer las aventuras de Adolfo no eran del todo mentiras, pues Svetlana (así decía llamarse la ambidiestra), lo reconoció entre la multitud y al parecer Adolfo la reconoció también a ella. El encuentro ya no fue posible porque evidentemente, el celebrado poeta católico salió corriendo para poder evitar el encuentro con la ex-rusa. Se habían conocido en Turquía a mediados de los 80´s, cuando ambos asistían a las reuniones clandestinas de artistas de la Unión Soviética (y simpatizantes de todo el mundo, gente afiliada a los partidos comunistas de sus respectivos países). Tuvieron una relación efímera pero sustanciosa, cosa de 4 meses. Svetlana recuerda haber oído hablar a Adolfo, de su “verdadera vocación”, y también de “un secreto” que echaría por tierra todo lo que había venido construyendo. Svetlana asegura tajantemente que Adolfo no es zurdo, ni siquiera ambidiestro. Asegura también que no es un poeta. A partir de allí y ya medio pedos, todo el mundo comenzó a unir cabos sueltos y todo salió a la luz. Adolfo ni es michoacano ni católico, sino rosacruciano de Veracruz, pero muchos sospechan que en realidad fue todo este tiempo un espía al servicio de las mafias de la escritura en México. La situación estuvo a punto de salirse de control, cada grupo de poetas revisó minuciosamente sus habitaciones de hotel en búsqueda de cámaras y micrófonos ocultos, hablaron a sus casas en México para preguntar por algo sospechoso, exigieron hablar con el cónsul para sacarle algo de información (se sospechaba de todo el mundo). Pero como suele suceder en estos casos, a medida que la borrachera iba en aumento todo se olvidó y las cosas volvieron a la normalidad: gente de la delegación que se quedaron dormidos mientras intentaban cagar, relaciones homosexuales que todos olvidarían al día siguiente, cantidades asombrosas de vómito con un asombroso olor a garnacha mexicana (asombroso porque ya teníamos casi 6 días en Barcelona, sin probar nada de los antojitos que acostumbramos), visitas y salidas indemnes a lugares donde sólo van los suicidas; en fin, cosas de poetas.

 

A modo de despedida, el consulado organizó para la delegación mexicana una lectura “popular” de poesía. El lugar se llenó de público mexicano radicado en Barcelona y de curiosos que aprovecharon la oportunidad y la música. Después de algunas mesas de críticos y de lecturas de poesía, salió el tequila y las cervezas y cuando ya todos estábamos bien entonados, intercambiando datos y promesas de fraternidad eterna, llegó el mariachi. El grito espontáneo surgió desde el fondo del alma, incluyendo el alma de los más fresas y mamones críticos por allí presentes. Dos de los poetas opacaron con envidiables voces a los mismos mariachis y por supuesto recibieron ofertas de inmediato. Que yo sepa, al menos uno de ellos es ahora un célebre mariachi en Cataluña. El calificativo de “Homérico”, sería poco para describir la peda que se armó. Gente hasta ese momento abstemia, descubrió los secretos del buen Baco y se transformó en la gente más encantadora y divertida del mundo. Quince minutos después de la llegada del mariachi todas las mujeres estaban transformadas en criaturas de leyenda, bellísimas y accesibles a todos los mortales. El cónsul, ya sin camisa, estaba tomando tequila de la boquilla de una de las trompetas y en un momento confuso, el guitarrón voló en astillas, estrellado en la cabeza del joven crítico Leaño, zurdo recalcitrante y fundamentalista. Nadie se adjudicó la acción aunque todos estuvieron de acuerdo en ella.

 

Hermandad, salud, arte en movimiento.

El avión salía para México muy temprano a la mañana siguiente. Más de la mitad de la delegación lo perdió, así que siguieron la peda ya en hostales de cuarta categoría pues no tenían ya más presupuesto. A los que logramos subir al vuelo nos agarró la cruda a la altura de Groenlandia. No hubo los suficientes baños en el avión para contener nuestros estómagos.

El próximo año el simposio será en Berlín.

@Apolonio_Tiana

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