¿Qué nos falta?

Redacción
Written by Redacción

A un año de los violentos hechos en Tlatlaya, la impunidad sigue latente en México, el despliegue de tropas es una amenaza real frente a la población civil y la violación a los derechos humanos por parte de elementos de las fuerzas armadas sigue siendo reprochable. Ejecuciones extrajudiciales (Tlatlaya), desapariciones forzadas (Ayotzinapa), tortura (552 quejas en la CNDH), detenciones ilegales (663 quejas en la CNDH) y abuso de la prisión preventiva (sobrepoblación del 27% a nivel nacional), es la realidad ante los ojos de un mundo que nos mira impávidos.

Quizás por ello Pedro Kumamoto, primer candidato independiente electo diputado, no se equivoca al afirmar que “está no es la forma de gobernar”, al ser cuestionado por Jorge Ramos sobre el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Querámoslo o no, está es nuestra realidad, el presente de una de las llamadas economías emergentes que no ha sido capaz de despegar debido a que sus instituciones fallan por malos diseños normativos que se quebrantan y evaden constantemente por una burocracia cleptómana y de cuello blanco. De modo que, un país en donde el abuso y el desaseo de su clase política es la regla general y no la excepción, está condenado al fracaso. Éste es el país que se empeña en hacer una guerra sin tener un diagnostico completo y acertado de la pandemia que correo las instituciones. Una decisión fallida, que el mismo Secretario de la Defensa cuestiona.  Tlatlaya no es sólo un caso aislado, como tampoco lo es Ayotzinapa y muchos otros más, todos ellos son, por el contrario, una cadena de sucesos que evidencia un aparato estatal corroído, ineficiente e incapaz hasta ahora de garantizar el mínimo de una consciencia colectiva

Las odiosas pero necesarias comparaciones nos obligan a la reflexión, máxime cuando vemos que en países como Noruega la policía solo disparó sus armas dos ocasiones en 2014, y nadie resultó herido, o cuando sabemos que en países como Inglaterra solo han sido abatidos por la policía 55 personas en los últimos 24 años. En tanto, México debate el regreso de las tropas a los cuarteles vs el despliegue territorial de éstas para cumplir funciones de seguridad pública.

Qué nos falta para ser un país que se precie de civilizado, un país que le permita a sus ciudadanos liquidar, realmente a través de las urnas a los malos gobernantes, que les permita denunciar a los delincuentes, con el gozo de la tranquilidad de no tener represalias; que cuenta con instituciones que investiguen, fiscales que actúen y jueces que apliquen la ley. Un país en donde la violencia no sea su mejor carta de presentación frente al exterior.

Se necesita más que discursos vacíos y el reproche de malas decisiones del pasado. No basta con señalar que “el derecho es el mejor instrumento para transformar una nación con estabilidad y certidumbre” como lo arenga el Presidente Peña Nieto. No, no basta ello sin acciones concretas que garanticen los mínimos de libertad y tranquilidad; se necesita más que pregonar la tan llevada y traída “cultura de la legalidad”, se necesita sí la formación de capital social.

Una sociedad mejor informada y formada es capaz de auto juzgarse, capaz de pasar del pesimismo y hastío exteriorizado en protestas multitudinarias a la acción trascendente, a la vigilancia diaria del quehacer gubernamental.

En suma, México necesita de una sociedad solidaria y responsable que recupere su liderazgo y asuma sus obligaciones cívicas para ubicar y acallar a las oposiciones complacientes, a los gobernantes irreverentes y a la desfachatez de los timadores. Una sociedad que haga del hastío generalizado su principal bandera para exigir un cambio real de la actitud y formas de hacer y entender el ejercicio de gobierno.

 

Gabriel Torreblanca Flores

@GTorreblancak

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *