El cerebro se acostumbra a la corrupción

Redacción
Written by Redacción

A través de un estudio empírico y de resonancias magnéticas, científicos del University College de Londres revelaron que el cerebro de una persona corrupta tenderá a reincidir mientras ésta siga siendo beneficiada por su deshonestidad.

“Proveemos evidencia empírica de un aumento gradual de deshonestidad basada en el autoservicio y revelamos los mecanismos neuronales que lo apoyan”, señala el artículo publicado por Neil Garrett, Stephanie C. Lazzaro, Dan Ariely y Tali Sharot en la revista Nature.

Para demostrarlo, los expertos reclutaron a 58 individuos de 18 a 65 años. Una parte de los participantes tenía que calcular cuántas monedas cabían en un recipiente con un acompañante, que en realidad era un miembro del equipo investigador haciéndose pasar por otro voluntario.

Dependiendo del cálculo en cada fase, había tres posibilidades: que el resultado los beneficiara a ambos, que sólo favoreciera al participante a costa de su compañero, o al contrario, que favoreciera al otro, pero no al voluntario.

Conforme avanzó el juego, los investigadores descubrieron que las pequeñas mentiras para obtener una ganancia a costa del compañero se incrementaban.

Los científicos explican que, desde el fraude financiero hasta el plagio, pasando por las estafas en línea y la mala praxis científica, quienes incurren en estos hechos describen cómo pequeñas mentiras se transformaron en grandes engaños con el paso del tiempo.

A la segunda parte de los participantes se les midió, a través de una resonancia magnética, la actividad cerebral cuando mentían.

La amígdala, encargada de regular las respuestas emocionales, fue perdiendo actividad mientras el experimento progresaba.

“El resultado relaciona la sensibilidad disminuida de la amígdala al aumento de la deshonestidad”, puntualiza el artículo.

Los investigadores también confirmaron que mentir en beneficio de otro es percibido como moralmente aceptable.

“Cuando los participantes fueron deshonestos para el beneficio de alguien más, la deshonestidad se observó a una tasa constante”, dice el documento. Es decir, no se incrementó la tendencia a mentir.

Por lo tanto, concluyen los autores del estudio, la deshonestidad repetida per se no es suficiente para que haya un aumento en ella: debe haber un beneficio propio para que haya reincidencia.

Jennifer Mc Namara

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