El viernes poca gente se dio cuenta, la mayoría se fue a dormir como si fuera un día cualquiera y, conforme el sol aparecía este sábado, los cubanos se enteraban a través de la televisión pública de la muerte del líder revolucionario Fidel Castro.

Las personas de edad avanzada, que son las que más se sienten unidas a la Revolución, lloraban la muerte del que consideran héroe, del ciudadano que consideran les cambió la vida y que “le regresó la tierra al pueblo”.

En el Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana, los vuelos llegan con toda normalidad. Es temporada alta, en diferentes vuelos los periodistas poco a poco van llegando, casi confundiéndose con la gente. No hay cámaras afuera, intentan ser discretos.

La mayoría viajó sin visa de periodista para poder ejercer su trabajo. No los detienen mucho tiempo, los funcionarios explican que ya estaban preparados para esta situación.

Al salir, decenas de taxistas ofrecen sus servicios; todo mundo habla de un mismo tema: El Comandante Fidel Castro Ruz.

Juan, un joven taxista, comenta que el pueblo está de luto, la gente está en sus casas aguardando. Los caminos lucen casi desiertos, el cielo se nubla y oscurece. La población se comporta.

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“Hemos perdido a nuestro presidente”, dice mientras intenta contener las lágrimas. En las calles la gente habla de sus logros, de todo lo que ha dejado para su pueblo. Sus detractores se mantienen apartados.

Un joven estudiante afirma que todo lo que sabe se lo debe a la Revolución, a Fidel porque Fidel es la Revolución y la Revolución es Cuba.

“Antes de Fidel nadie sabía de Cuba; ahora todo el mundo nos conoce y reconoce a nuestro pueblo”, opina al considerar que Fidel será cremado para preservar su legado, para que sus cenizas se esparzan por toda la isla y así todos tengan algo de él.

“Fidel es un icono, nos dejó sus ‘reflexiones’”, comenta Juan. “La última vez que lo vimos fue con el presidente de Vietnam, ya se le veía cansado, fueron muchos años luchando por su pueblo y eso al final se notaba”, agrega.

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El Centro de Prensa Internacional, como todos los ministerios del gobierno, funciona como un hormiguero, atendiendo a los diferentes periodistas de casi todos los países.

Se escuchan combinaciones de idiomas, los ciudadanos que transitan enfrente, ni se inmutan. Saben a qué vienen, saben que Cuba está en boca de todo el mundo.

David de La Paz

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