Si la literatura contribuye a la formación de buenos ciudadanos, el periodismo lo plantea en terreno ambiguo, pues la libertad de expresión no supone licencia para difamar, coincidieron los intelectuales Mario Vargas Llosa y Juan Luis Cebrián.

La tarea actual por atraer ?y mantener lectores?, enmarcada en la crisis del papel ha hecho jugar hasta a los medios de mayor prestigio bajo las reglas del sensacionalismo.

Algo que es severamente cuestionado por el novelista y el presidente de El País.

“Existe una curiosidad latente por el escándalo, por entrar a la intimidad de las figuras públicas y ver cómo los prestigios de respetables se desmoronan; hoy todo mundo delinque de alguna manera y este es un fenómeno que ha marcado la prensa de nuestro tiempo”, lamentó Vargas Llosa, durante la presentación de su libro Cinco Esquinas, en la Feria Internacional del Libro.

“No hay país en el mundo donde la línea entre la prensa seria y la chismográfica sea nítida, pues hasta los periódicos más prestigiados se han abierto al tono sensacionalista para conquistar un público que antes no abarcaban, algunos con más o menos decoro. Y este fenómeno responde al mero entretenimiento”, sentenció.

No hay argumentos válidos que justifiquen caer en estos vicios. El novelista, autor de títulos como La Civilización del Espectáculo, que ahonda en el triunfo del periodismo amarillista, refiere esto como una plaga, una enfermedad dañina para la prensa y la cultura democrática. Algo con lo que su amigo Juan Luis Cebrián coincide.

“Estamos en un mundo de confusión, donde los principios liberales clásicos de la democracia representativa ?y las instituciones que han emanado de ella? están en crisis, y el problema no es el sensacionalismo sino el aumento de políticas de odio, que discurren por las redes sociales, cualquier tipo de odio; espero que lo que sucedió en Estados Unidos (en las pasadas elecciones) sirva de relieve a este problema”, expresó Cebrián, quien fue el primer director de El País, durante la presentación de sus memorias, Primera Página, de Editorial Debate.

“Sé que no hay que responsabilizar de todo a las redes sociales, pues hemos visto cómo políticos como George Bush y Colin Powell (EU), José María Aznar (España) y Tony Blair (Gran Bretaña) han jurado por sus muertos que hay países con armas de destrucción masiva para justificar una guerra, y presentan pruebas, y aunque son unas mentiras terribles, se promueven en los medios”.

En este contexto, las redes sociales se debaten entre la libertad de expresión, los juegos de poder, el sensacionalismo y la disputa por la opinión pública.

“Desacreditar a las personas es algo que atrae muchísimo, la denuncia divierte y su tipo de periodismo tiene extraordinaria difusión, y tenemos una cultura (de consumo) en nuestros tiempos que nos induce más en esa dirección, sin las normas y valores que antes ponían frenos; ahora todo ya ha saltado por los aires y quién sabe a dónde nos lleve”, dijo Vargas Llosa.

“Es importante tener claro que periodistas y periódicos hay de mucha clase, creo que la gente y los medios que traten de influir en las tendencias sociales están en la libertad de hacerlo en la medida que no infrinjan en los derechos de otras personas”, expresó el novelista.

Xulio Guillén ? Reforma

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