Celebran al escritor del horror

Redacción
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Norman Manea (Rumania, 1936) dejó la seriedad por unos momentos.

El ganador del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances ha sido orador y protagonista en diversos eventos de la Feria Internacional del Libro y en sus intervenciones ha estado a la altura de la seriedad del protocolo, pero este martes, acompañado por su amigo, el historiador Enrique Krauze, se dio la oportunidad de bromear cuando el intelectual mexicano lo consideró como una especie de hermano menor.

“En primer lugar quiero agradecerles a todos por estar aquí, con este viejo hombre que viene de tan lejos, pero creo que hay un error cuando Krauze hablaba de mi como hermano mayor, pero creo que aquí renací y si renací, entonces fue un suceso mágico para mí y yo soy más joven, ¿queda claro?”, dijo el autor, quien provocó las risas de los reunidos en el auditorio Juan Rulfo de la fiesta editorial.

“Debo decir que fui altamente complacido por el hecho de poder compartir con ustedes en esta región que no conocía muy bien, estoy muy interesado en todos los lugares que he podido visitar, pero estoy sobre todo interesado en la gente, no en los monumentos; he descubierto que aquí son muy abiertos, muy cálidos, con un público muy amigable; no tomen esto como un cumplido, es una declaración honesta de mi parte”, completó Manea.

Manea se reunió con Krauze para establecer un ameno diálogo en torno a su oficio literario, pero también para hurgar en la vida personal, que le ha servido como telón de fondo para contar sus historias.

“Existen muchos escritores que han dejado testimonio sobre el fascismo y nazismo en el siglo 20 y también hay muchos escritores que han dejado un testimonio sobre el horror del comunismo en el siglo 20, pero hay muy pocos escritores que han dejado un testimonio sobre ambos horrores, es el caso de Manea, pero cuando digo testimonio estoy siendo muy limitado porque no estamos ante un escritor de testimonios, ni siquiera de memorias, estamos ante un grandísimo escritor que transfigura la memoria, la autobiografía, la vida, en literatura”, calificó Krauze.

 

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El diálogo

La noche del martes, el escritor rumano de origen judío que vive en Estados Unidos relató su experiencia en el holocausto, el socialismo y la vida real.

El autor de cuentos, novelas y ensayos dejó a la vista su sentir tras la trágica experiencia vivida en el nazismo y la censura del socialismo, sobre todo conmovió con la historia de sus inolvidables padres, que tuvieron que enfrentar la peor época en Europa como judíos.

Krauze, por su parte, invitó a su gran amigo a relatar cómo vivió esa terrible época en Europa siendo hijo de judíos, principalmente cómo fue la sobrevivencia en un campo de concentración y posteriormente en un régimen comunista.

Manea contó a los asistentes al salón Juan Rulfo de la FIL de Guadalajara, sobre la forma en la que fueron víctimas del nazismo. “La memoria de mis padres es dolorosa especialmente el hecho de exponerla al público”, señaló.

Recordó que en 1940 él y su familia fueron a un campo de concentración por el solo hecho de ser judíos. “Yo tenía cinco años, era un niño, sin religión todavía, simplemente un niño que nació en una familia judía”.

Su trayecto en un campo de concentración de los cinco a los nueve años, su sobrevivencia a la inhumanidad de esos hechos, su regreso a Rumania, la vida comunista y la censura socialista fueron, sin embargo, la forma en la que descubrió su amor por la literatura.

“Yo siempre corría tras los libros pero después de 1948 las librerías y bibliotecas en Rumania fueron limpiadas por la censura y ya no pude leer a Kafka”, dijo con tristeza luego de que Krauze le preguntara sobre la influencia de ese autor en su obra literaria.

Consideró que para él la literatura es un milagro porque lo llevó a un mundo fantástico y porque conocía de alguna forma el mundo real, tomando en cuenta que vivía en una censura atroz que no le permitía ver con claridad el mundo.

“Me enamore de la literatura y soy su prisionero hasta hoy en día”, reiteró Manea, quien manifestó que ya en Nueva York salió al público con su prolífica obra, de la que destaca el tema del Holocausto, la vida cotidiana en la Rumania comunista y su exilio.

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