Legado de Obama, lejos del prometido e idealizado por millones

Redacción
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Ocho años atrás, con la promesa de cambio y esperanza, Barack Obama asumió la presidencia de un país dividido, sumido en recesión, con frentes de guerra y aspiraciones devoradas por el debate político y las recriminaciones.

A 72 horas de que el primer presidente de raza negra ceda el cargo y termine una de las presidencias más contenciosas de memoria reciente, en términos generales, el saldo de su gestión no se aproximó al gobierno que ofreció e idealizaron millones de estadounidenses.

Obama fracasó en cambiar la atmósfera de choque partidista para iniciar una etapa bipartidista, algo que de alguna suerte quedó enterrado cuando el líder republicano en el Senado, Mitch McConnell, quiso reducir a un solo término.

El encono de algunos republicanos del ala más conservadora como el senador por Texas, Ted Cruz, derivó incluso en un cierre del gobierno por 15 días en 2013, después que el mandatario rehúso ceder a la presión para dar marcha atrás con la Ley Asequible de Salud, promulgada un año antes.

Aunque el liderazgo republicano terminó cediendo a la presión del resto de la bancada y el malestar popular por el cierre luego de que el Congreso no pudo asignar fondos para mantener la operación del gobierno debido al bloqueo de Cruz en el Senado, la animosidad siguió.

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La promesa de Obama para tener una amplia reforma migratoria el primer año de su gobierno quedó enterrada también ese año por la mayoría republicana que controlaba la Cámara de Representantes.

De hecho, éstos rehusaron llevar a voto del pleno una iniciativa aprobada antes por el Senado con el apoyo de 14 republicanos.

Su aspiración de mejorar el clima racial en un país donde el tema se manteniene como fuente de polarización, se quedó en los discursos y mostró ser más fuente de división que de acercamiento dadas la persistencia de visiones que parecen irreconciliables.

Algunas voces dentro de la comunidad negra lamentaron que al mandatario no hiciera lo suficiente para denunciar el abuso desproporcionado que han padecido a manos de las policías, en tanto que sus críticos denunciaron con frecuencia que este sólo avivó las tensiones existentes.

 

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El pesimismo por el estado de las relaciones entre blancos, negros, hispanos, asiáticos y nativos, es compartido a través de todos los grupos, según lo evidenció semanas atrás una encuesta del diario The New York Times y la televisora CBS.

Un 62 por ciento de los estadounidenses dijeron que las relaciones han empeorado, contras 9 por ciento para quienes estas están mejorando, en tanto que 28 por ciento consideró que no ha habido cambios.

El mandatario tampoco logró poner fin a la presencia estadounidense en los frentes militares en Afganistán e Irak, y aunque oficialmente las operaciones de combate llegaron a su fin, la huella de esas dos invasiones y su alto costo se mantienen hasta ahora.

La Casa Blanca reconoció hoy que el cierre de la prisión militar de Guantánamo, otra promesa de Obama para su primer año de gestión, tampoco podría ser concretada.

Aunque la población en Guantánamo es hoy una quinta parte de la que había al iniciar Obama, su operación seguirá en el nuevo gobierno, que favorece la oposición en el Congreso para cerrar lo que a la fecha se cree un instrumento de reclutamiento de radicales islámicos.

Algunos analistas consideran que si bien mucho se ha dicho de Obama y su presidencia, hasta ahora el contenido real de sus políticas domésticas y su impacto en el país sigue siendo poco comprendido.

Este impacto es quizá mayormente visible en dos importantes frentes, el de salud y el laboral.

Bajo la Ley Asequible de Salud (ACA por sus siglas en inglés), que el nuevo gobierno y el congreso republicano han prometido desmantelar, 20 millones más de estadounidenses pudieron acceder a un seguro de cobertura de gastos médicos.

Este logro empero se ha visto empañado por algunas deficiencias iniciales en la implementación de la ley y más recientemente por la revelación de que las pólizas registrarán este año incrementos de hasta 80 por ciento, en algunos casos.

A Obama se le acredita una exitosa política de expansión económica gracias a la cual sumó 11.3 millones de nuevos empleos en estos ocho años, dejando al país con una tasa de desempleo de 4.6 por ciento, en contraste con la de 10 por ciento con que asumió la presidencia.

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En lo que algunos han calificado como una revolución silenciosa, Obama pasará a la historia como uno de los presidentes más activos en sus esfuerzos para igualar los derechos y oportunidades de la comunidad LGBT.

Bajo su presidencia el Departamento de Defensa puso fin a una prohibición para que las personas transgénero sirvan de manera abierta en las fuerzas armadas de Estados Unidos sin temor a represalias.

Su gobierno implementó además guías para que las escuelas públicas a través del país faciliten a estudiantes transgénero el uso de instalaciones tales como baños, a partir del género con que estos se identifican, y no el que aparece en su registro de nacimiento.

Obama también puso fin a la ley “No Preguntes, no Digas” que obligaba a homosexuales y lesbianas servir en el ejército ocultando sus preferencias sexuales, so pena de ser expulsados en caso de transgredirla.

La semana pasada, en su discurso de despedida en Chicago, Obama trazó un bosquejo general de los logros de su gobierno, reconociendo que las asignaturas pendientes son aún muchas e importantes para el bienestar de los estadounidenses y el progreso del país.

“Sí, nuestro progreso ha sido desigual. El trabajo de la democracia siempre ha sido duro, contencioso y a veces sangriento. Por cada dos pasos adelante, a menudo se siente que damos un paso atrás”, apuntó.

Pero el largo alcance de Estados Unidos, añadió, “ha sido definido por el movimiento hacia adelante, una constante ampliación de nuestro credo fundacional para abrazar a todos, y no sólo a algunos”.

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Por Rubén Barrera

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