La festividad del desfile de 5 de mayo, no fue la tradicional, el primero de los dos desfiles que presidirá Antonio Gali Fayad, evidenciaba estupor entre la clase gobernante, la artillería mediática nacional había hecho dañado a la incólume imagen del llamado gobierno que sigue, un gobierno que ha sido contumaz en su estrategia, actuando con sordidez frente al robo de hidrocarburos. Alejandro Hope lo dice fuerte y claro: “Puebla se está jodiendo. El motor de la joda, el factor central de putrefacción, es el huachicol”.

El cinco de mayo, como cada año, presumió por las calles de Puebla la marcialidad del ejercito mexicano, un ejercito en luto, cuestionado por los múltiples abusos a los derechos humanos y la necesidad de la aplicación de la ley de seguridad interior, sin mencionar el repetido desatino de mantener a tropas en las calles ante la incompetencia de las fuerzas de seguridad estatales y municipales para garantizar el orden y la seguridad pública. Los carros alegóricos y bandas escolares desfilaron sin aspavientos, homenajeando lo miso a Lincoln que a Juárez y Carranza, aunque hubiera preferido un homenaje a los elementos de la Sedena caídos en combate.

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Y es que lo sucedido un día antes no era para menos, el enfrentamiento entre militares, policías federales y estatales frente a mujeres y niños que defendían a criminales dedicados al robo de hidrocarburos [llámesele gasolina] ha sacado a la luz que la conducta delictiva se ha convertido en una forma de vida que ha escalado a niveles bastante graves de nuestra crisis social.

El robo de hidrocarburos no es una novedad, las pérdidas para la paraestatal se estiman en miles de millones de pesos, pero ello ha sido tolerado y evidenciado por años.  500 elementos de la gendarmería y la armada en la zona del triángulo rojo aunado a la celebración  pírrica por endurecer las sanciones son medidas cosméticas que muestran la debilidad de las instituciones para frenar la afrenta de los huachicoleros.

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Pues sin duda, la percepción acumulada de una constante inflación legislativa en busca de respuestas, bajo la óptica de una remediación del problema en la justicia penal, sólo ha demostrado equívocos para cambiar comportamientos tan lacerantes que se convierten en forma de vida y en el cual familias enteras son capaces de anteponer su vida para mantener su falsa expectativa de la realidad.

No nos equivoquemos, los sucesos en Palmar de Bravo y Palmarito Tochapan no son un asunto menor, lo acaecido evidencia un sistema corrupto hasta la médula, un sistema que permitió la escalada del problema a las dimensiones de un conflicto social, una dimensión en donde el estado de derecho no vale frente a la ley de quienes se ostentan con más fuerza, el dinero y el crimen organizado.

Octavio Paz acertadamente señaló que “una nación empieza a corromperse cuando se corrompe su sintaxis”, esto es en efecto el trasfondo cuando se altera con violencia el orden y las reglas y en donde las soluciones deben partir por enmendar los errores para hacer valer la ley no con mayores reformas sino con la aplicación franca de las reglas establecidas, para de esta forma intentar zurcir el ya tan lastimado tejido social por desigualdades y falta de oportunidades.

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Por: Gabriel Torreblanca Flores

@GTorreblank

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