Crítico de la realidad social, autor comprometido a no quedarse callado, el nicaragüense Sergio Ramírez confesó que disfruta de la escritura, reírse de las escenas que lleva al papel, pero confesó sentirse aterrado por la corrección que implica la escritura.

El recién galardonado con el Premio Cervantes de Literatura 2017 se encuentra en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, donde presentó Ya nadie llora por mí.

Habló sobre el gozo que le produce el escribir, sus miedos, alegrías y el haber ganado el mencionado galardón, considerado el Nobel de Literatura en castellano.

“Me gusta inventar, no me da miedo la página en blanco, mucho se habla del terror del escritor frente a la página en blanco; nada se hace sin gozo, lo que se hace a la fuerza no resulta bien, disfruto mucho el hecho de escribir y sé que estoy disfrutando cuando escribo alguna escena; incluso, me rio solo.

”Pero la parte tormentosa es corregir, eso no es algo placentero; corregir lleva tiempo, trabajo y hay quienes dicen que ser escritor es fácil, porque si uno escribe una página en blanco, al año escribe uno 365 páginas y no es nada sencillo.

”Hay veces que no puedo pasar un párrafo de cinco líneas, viendo que párrafo suene, no tengo demasiados ‘que’ o que las conjunciones no estén bien puestas, esa es la parte ardua y difícil de escribir, pero necesario en la escritura”, explicó.

Ya nadie llora por mí

Político y también abogado, se refirió a Ya nadie llora por mí como una continuación de Adiós muchachos, porque sigue tocando las fibras de lo que es su país, desde su propia visión, que es la que traslada a los protagonistas de la novela.

Dicha obra continúa la saga del Inspector Dolores Morales, que inició con El cielo llora por mí (2008). El personaje, en la más reciente entrega, se convierte en un detective y resuelve casos de adulterio hasta que el millonario de Managua, Soto, le encarga encontrar a su hijastra, quien ha desaparecido.

El inspector fue dado de baja de la Policía Nacional desde hace años y ahora trabaja como investigador privado.

La mayoría de sus casos son adulterios de una clientela de pocos recursos, pero un encargo va a sacarlo de la rutina: la desaparición de la hija de un millonario.

Pronto el caso se revela como la punta de un iceberg en el que toman forma la corrupción y el abuso de poder que subyace en el discurso revolucionario de la Nicaragua contemporánea.

Celebra premio Cervantes

Sobre el galardón al que se hizo acreedor y que recibirá en abril del 2018 en España, el autor comentó que se trata de la primera vez que un autor de Centroamérica gana tal premio, lo que consideró fue similar a ganar un campeonato mundial de boxeo.

Además, recordó a su madre, su maestra de letras y quien en la secundaria “me enseño los clásicos españoles; por ella conocí a Quevedo, a Cervantes y los modernos, como García Lorca, a León Felipe, de manera que me dio un entrenamiento importante en vida, en mi carrera literaria. Y en los años azarosos de los Revolución (Sandinista) cada vez que iba a verla al pueblo donde nací, me decía que no me olvidara que lo mío era la literatura, y eso lo recordé muchos años después, pero no frente al pelotón de fusilamiento, al fin le hice caso, siempre tuvo razón”, aseveró Sergio Ramírez.

Al referirse al discurso que ofreció Emmanuel Carrere al recibir el Premio de Literatura FIL en Lenguas Romances, el escritor expresó su beneplácito al tiempo que aseguró que se trata de un “discurso que versa sobre el oficio”.

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