A partir de esta semana y hasta el próximo 9 de julio, las galerías del Museo Amparo de Puebla albergarán la muestra “Candida Höfer en México”, exposición integrada por la serie fotográfica de Höfer realizada durante su estancia en nuestro país en octubre de 2015.

Patricia Ortiz Monasterio, curadora de la exposición, y Laurence Le Bouhellec, historiadora del arte, durante la ceremonia de inauguración, dieron a conocer que de una selección preliminar de miles de edificios importantes que conforman el patrimonio arquitectónico de México, la artista retrató sólo 15 construcciones icónicas en distintos lugares del país, tomando en consideración el tiempo disponible y las distancias geográficas para llegar a ellos.

Candida Höfer y su equipo recorrieron durante 20 días Jalisco, Guanajuato, Estado de México, Puebla y Oaxaca, así como Ciudad de México. El resultado de esta investigación es una colección de fotografías en gran formato, que conviven con proyecciones fotográficas e imágenes más pequeñas tomadas con una cámara que la artista trae siempre consigo revelando gestos únicos.

‘Retratos espaciales’

Sobre las paredes del Museo Amparo cuelgan fotografías a gran escala de imágenes como una vela en el piso de la Catedral, el borde colorido del umbral de una puerta, las vetas del mármol de Bellas Artes, o un rayón en la pared.

“Al intercambiar fotografías de espacios a gran escala con fotografías de detalles, Höfer produce un motivo diálogo entre la majestuosidad de la arquitectura monumental y la humildad del pequeño recoveco, permitiendo ver el lado más personal de su mirada.

”A través de estos ‘retratos espaciales’, como Candida Höfer los denomina, en los que confluyen planos y colores, así como relaciones de orden y desorden, el espectador puede adentrarse en las obras, descubrir estos lugares tal como son y observar, a través de una mirada contemporánea, el valor histórico y estético de nuestro patrimonio”, dijo Patricia Ortiz.

Recordó que Candida Höfer, nacida en Eberswalde, Alemania en 1944, estudió fotografía en la afamada Academia de Arte de Düsseldorf bajo la tutela de Bernd y Hilla Becher, quienes crearon la primera cátedra de fotografía artística en 1976, y de la cual surgió la llamada Escuela de Düsseldorf.

Dicha escuela estaba orientada hacia una “nueva objetividad”, una búsqueda de la realidad sin interpretaciones personales que se distingue por aplicar una perspectiva tipológica y seria a la representación de motivos cotidianos, aparentemente banales o casuales.

En 1982 Höfer egresó de la cátedra de los Becher y en esa época era la única mujer fotógrafa en un mundo de hombres.

Inicialmente realizó algunas series fotográficas en formatos pequeños como Los turcos en Alemania, en la que refleja la vida de los trabajadores inmigrantes turcos bajo una línea documental, así como también fotografió zoológicos y museos etnográficos, siguiendo los lineamientos conceptuales de los Becher.

La apuesta

A partir de la década de los noventa, Candida Höfer comenzó a concebir la fotografía como un medio para retratar espacios interiores de edificios icónicos aplicando en sus tomas una metodología estricta.

En esa búsqueda hallaba simetría, frontalidad de toma, punto de fuga, utilización de la luz existente en los espacios, sea natural o artificial, sin usar flashes o lámparas; al tiempo en que empezó a predominar su interés por fotografiar lugares públicos o privados (teatros, palacios, bibliotecas, museos, salas de espera, auditorios, iglesias) en ausencia total de la presencia humana.

Paradójicamente, el vacío de sus imágenes funciona como un retrato psicológico del intercambio social que se da en esos lugares. Implícito en esos espacios, lo humano se percibe solo a través de sus huellas: en la configuración de las formas, en la elección de los colores, en la colocación de los objetos. Es como si quisiera captar la huella que las personas dejan en los lugares que habitan, tratar de descubrir el aura de los mismos, la historia íntima de los edificios a través del paso del tiempo y las historias que cuentan aun cuando han quedado vacíos.

Quería captar la manera en que las personas se comportan en los espacios públicos y comencé a fotografiar teatros, palacios, casas de ópera, bibliotecas y espacios similares. Después de cierto tiempo me di cuenta que lo que las personas hacen en estos lugares —y lo que los espacios les hacen a ellos— es más evidente cuando nadie está presente, así como un invitado ausente es con frecuencia el tema de conversación”.

Candida Höfer

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