“¡Abuela, abuela, vámonos, el río nos va a matar, se inunda la casa¡”, me gritaba mi nieto de ocho años con desesperación y lágrimas, recuerda Olivia Ribera Rodríguez, “yo no sabía que hacer, a mis 74 años nunca me había pasado esto”.

Su voz se quiebra, sus piernas se encuentran hundidas hasta los tobillos por el lodo, con sus manos señala sus pertenencias que están apiladas afuera de su casa, “se me echaron a perder, la sala, los televisores que me regaló mi esposo que en paz descanse, ya no sirven”.

“No cabe duda que al perro más flaco se le pegan más las pulgas”, dice con resignación y expresa que al menos el río le dejó la vida, la respeto, un río que alcanzó aquí mas de un metro de altura.

Fueron más de 10 las colonias que resultaron afectadas en el municipio de Acaponeta, Nayarit, pues en algunos lugares el nivel del río del mismo nombre alcanzó más de un metro con 70 centímetros.

El caudal de este río, de 233 kilómetros y que nace en Durango y desemboca en Nayarit, alcanzó niveles históricos y se desbordó a consecuencia del huracán Willa, que tocó tierra como categoría 3 a las 19:38 horas del 23 de octubre, en Escuinapa, Sinaloa.

Esa tarde-noche, la muralla delantera del meteoro cubrió el sur de Sinaloa, entre Escuinapa y Rosario, así como el norte de Nayarit, entre Tecuala y Acaponeta.

Dos días después, con las puertas abiertas, los pobladores de colonias como Antonio Chumacero y Quintana Roo, entre otras, sacaban con palas, palos y con lo que podían el lodo que parecía que terminaba, “ya para qué llorar”, dice Antonio Mendez.

Durante un recorrido se observó que si bien el nivel del río ha disminuido considerablemente, aún quedan inundaciones como en la colonia Quintana Roo, donde el nivel del agua no disminuye.

Aquí, la gente avienta sus cosas por la azote a algunos camiones de volteo, varios automóviles permanecen con el agua hasta los cristales de las ventanas, y algunos niños nadan en esos charcos.

En el albergue localizado en el primer cuadro del municipio, Elvira Elena Herrera sostiene que es inútil regresar a su casa, pues quedó completamente destruida.

Ella, al igual que otras 150 personas, permanece en este lugar, donde reciben la ropa que les traen otros habitantes, mientras que el DIF estatal les prepara comida y les entrega agua, además de servicios médicos.

Para quien llaman con cariño “El gordo Gaspar”, cada 25 años se desborda el río, y pese a ser joven, afirma que en en 1968 fue la última vez que se salió de su cause, aunque considera que la población está mejor preparada.

Por la mañana, el gobernador de Nayarit, Antonio Echevarría, recorrió algunas zonas afectadas junto con el secretario de Salud federal, José Narro, y coincidieron en que lo importante ahora es mantener un cerco epidemiológico para evitar brotes infecciosos.

Por ello, llamaron a enterrar a los animales muertos y pidieron a la población aplicarse la vacuna del tétanos en los puestos médicos instalados para tal fin.

Narro Robles afirmó que en estos momentos hay suficiente medicamento para atender la emergencia, “sin duda alguna, no hay problema en ese sentido, ni de medicamentos, ni de material de curación, ni alguno de los medicamentos que se utilizan para atender picadura de alacrán”.

El lugar se percibe triste, la gente que resultó afectada continúa sacando sus pertenencias, sacan el agua anegada y tratan de borrar con agua limpia todo vestigio de lo que representó la inundación que se presentó a las 04:00 horas locales.

En ese sentido, Olivia Ribera Rodriguez no recuerda otra tragedia igual, viste blusa azul y un pantalón que se dobló hasta las rodillas. Afirma que no hubo ningún anuncio por parte de las autoridades, “cuando nos dimos cuenta, ya el agua estaba inundando nuestros hogares”.

“Nos encontrábamos dormidos, pensamos que ya lo fuerte había pasado, que eran los efectos del huracán”.

El presidente municipal, Jose Humberto Arellano, subraya que la emergencia continúa, hay poblados que siguen aislados por el agua, por lo que pidió a las autoridades federales redoblar esfuerzos, porque la atención estaba en Sinaloa, no se esperaba que se fuera a desbordar el río.

Así, las severas inundaciones mantienen asiladas a las comunidades que se ubican en la zona de la marisma, como El Cantón, Valle de la Urraca y La Aguilita Nueva, que se encuentran al norte de la entidad, en los límites con Sinaloa.

En tanto, camiones con despensa comenzaron a salir para tratar de llegar a los lugares incomunicados, se brinda apoyo también a través de pangas y lanchas, para llevar agua y comida, pues Acaponeta aún vive en emergencia porque persisten los lugares incomunicados y la gente atrapada.

Por Conrado García

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