Defiende editorial Chiarelettere trabajo de Nuzzi por ‘vatileaks’

Redacción
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La editorial Chiarelettere defendió al periodista italiano Gianluigi Nuzzi, autor del libro “Su Santidad”; en la semana, El Vaticano lo acusó de ser un criminal por haber destapado el escándalo del vatileaks.

En un comunicado, la compañía sostuvo que Nuzzi sólo se limitó a realizar su trabajo con la publicación de una serie de documentos confidenciales sobre los temas más delicados del actual pontificado y que fueron sustraídos directamente de los aposentos papales.

“El autor ha desarrollado su deber de periodista llevando al conocimiento de la opinión pública de documentos de interés general en el respecto de las normas vigentes en Italia y en Europa”, indicó.

En el texto, Chiarelettere expresó sorpresa por “algunas declaraciones” encaminadas a hacer que el gobierno italiano “se apropie de un rol que no le compete en un Estado democrático” y ordene perseguir judicialmente al periodista.

También calificó como “fuera de lugar” que algunos diputados hayan elevado una interrogación parlamentaria sobre qué acciones ha tomado el gobierno italiano para evitar que publicaciones como la de Nuzzi se repitan en el futuro.

Según la empresa, los exponentes del mundo político, al contrario, deberían tomar una firme posición en defensa de la libertad de prensa.

El pronunciamiento de la casa editorial se dio tras varios días de encendidas polémicas, especialmente luego del arresto del mayordomo personal del Papa, Paolo Gabriele, la noche del miércoles 23 de mayo por posesión ilegítima de material reservado.

El sábado 19 de mayo, el día que salió a la venta el libro “Su Santidad”, El Vaticano emitió un duro comunicado en el cual calificó como “acto criminal” el robo, la entrega a extraños y la difusión de los informes reservados.

Varios exponentes de la Sede Apostólica han establecido que los periodistas involucrados en la publicación de los reportes tienen una responsabilidad objetiva.

No se trata sólo de Nuzzi sino también de otros comunicadores, por ejemplo, algunos del periódico Il Fatto Quotidiano.

Los clérigos han insistido que los informadores incurrieron en el delito de “ricettazione”. Una palabra que carece de traducción en español pero que, según el diccionario italiano, se refiere a la “posesión y el ocultamiento, con fines de lucro, de mercancías robadas”.

Por eso la casa editorial, en su comunicado, indicó, “sorprenden también las continuas acusaciones de este delito, evidentemente encaminadas a difamar a la casa editorial”.

Recordó que la Suprema Corte ha excluido muchas veces que la publicación de parte de un periodista de documentos reservados y, en hipótesis sustraídos por terceros al legítimo propietario, pueda considerarse un delito.

Adicionalmente ponderó que la Corte Europea de los Derechos del Hombre ha garantizado y protegido el derecho de los periodistas de poner en circulación noticias reservadas sometidas a secreto.

“Al punto de haber condenado a Estados miembros por la posición asumida hacia sujetos que habían realizado su trabajo apelando a fuentes secretas o reservadas”, apuntó.

No obstante, El Vaticano está decidido a pedir el procesamiento de los periodistas involucrados, aunque todavía no ha decidido en qué términos y bajo qué circunstancias.

Para ello necesitaría la colaboración de la magistratura italiana la cual todavía no ha sido solicitada, como precisó este día el portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi.

Gracias a la polémica desatada por el vatileaks y la dura respuesta de la Santa Sede la atención mediática se movió del contenido de los documentos privados a las hipotéticas motivaciones de los “cuervos”, como han sido bautizados los filtradores.

Más allá de las especulaciones, resulta evidente que el contenido del libro Su Santidad pone en duda la capacidad de gestión del principal colaborador de Benedicto XVI, el secretario de Estado de la Sede Apostólica Tarcisio Bertone.

Y por ello es considerado, dentro y fuera del Vaticano, como un ataque directo contra el Papa. Un intento por desestabilizar su pontificado.

El libro

A lo largo de 326 páginas Gianluigi Nuzzi repasó los temas más delicados afrontados por Ratzinger en los últimos meses, con un especial énfasis en los conflictos que involucran a personajes italianos.

Entre otros episodios, el periodista relató los entretelones de la renuncia del ex director del diario de la Conferencia Episcopal Italiana (Cei), Dino Boffo, luego que fuentes anónimas del Vaticano filtraron a otro periódico la falsa noticia de su supuesta homosexualidad.

Además, difundió las denuncias de corrupción, tráfico de influencias y presupuestos inflados en las licitaciones para el “país más pequeño del mundo” realizadas por el ex secretario de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, Carlo María Viganó.

El autor dedicó otros capítulos a exhibir diversos errores de cálculo de Bertone, sugiriendo su intención de acumular cada vez mayor poder.

Mostró el fallido intento, promovido por el mismo secretario de Estado, por adquirir el quebrado hospital San Rafael de Milán, un nosocomio católico de excelencia que fue cargado de deudas por mala administración.

Uno de los pasajes lo centró en diversos movimientos católicos, desde el Opus Dei hasta Comunión y Liberación. Especial atención le dio al escándalo de los Legionarios de Cristo, difundiendo tres reportes sobre el caso.

En otro capítulo reveló un mensaje enviado desde Roma a la nunciatura apostólica (embajada vaticana) en Madrid, en el cual se califica de “inoportuno” realizar un encuentro en esa sede diplomática con miembros del grupo terrorista vasco ETA para anunciar su cese al fuego.

A estos temas más destacados sumó otros asuntos de menor importancia, como la donación al Papa de una trufa preciada que termina en la mesa de los sin techo de la Caritas de Roma o varias solicitudes particulares de audiencias con el pontífice.

 

Andrés Beltramo Álvarez

¿Quién es quién en el caso Vatileaks?

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