Mirada Internacional.

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Iniciado el 2013 Estados Unidos parecía estar sumido en el abismo fiscal, luego de que los congresistas republicanos decidieron prolongar este drama en la Cámara de Representantes en las primeras horas del 1º de enero, con nuevas discusiones y posibles enmiendas del plan que el Senado había aprobado en la madrugada y que incluye una subida de impuestos solo a los más ricos y un breve aplazamiento de dos meses de los recortes de gastos que debían entrar este martes formalmente en efecto.

En una votación de último minuto la noche de este martes, con 257 sufragios a favor y 167 en contra, los congresistas en Estados Unidos dieron luz verde al proyecto de ley del Senado.

Se necesitaban al menos 217 votos para que el proyecto de Ley tuviera luz verde en la Cámara de Representantes.

El proyecto de Ley prevé un aumento de los impuestos para los más ricos pues la tasa de imposición pasará de 35 a 39.6% para los hogares con ingresos superiores a 450,000 dólares anuales.

Esta historia no es nueva en la potencia norteamericana. Con el arribo de Ronald Reagan los grandes intereses corporativos del país orillaron al Estado a abandonar como eje rector de su política a la sociedad, otorgándole la función a éste de promotor de la economía eliminando todo aquello que pueda obstaculizar el libre juego de las fuerzas del mercado. Desde los años sesenta el Congreso, la Presidencia y las cortes han sido trastocados por intereses conservadores arraigados en el partido republicano a fin de favorecer la reducción de los impuestos y el poder del gobierno, como en esta ocasión lo padece Barack Obama en su reelección al frente de la Casa Blanca.

Esta política deficitaria tendiente a mantener reducidos los impuestos  y continuar acentuando un “keynesianismo militar” parece ser una mala salida para el gobierno norteamericano y una derrota para Obama luego de su reelección para hacer frente al desempleo y recesión que padece su economía.

De este modo, si la Cámara no ratificará lo votado por el Senado, después de una larguísima y difícil negociación, la crisis económica que se anticipaba con el abismo fiscal será inevitable. Nada de lo pactado con Barack Obama tendrá valor, nada de los decidido por el Senado servirá para nada, y entrarán en vigor los aumentos de impuestos para la casi totalidad de la población y las drásticas reducciones de programas sociales y presupuesto militar.

La deuda del gobierno federal continuaría creciendo, haciendo de Estados Unidos la nación más endeudada, el déficit de la balanza comercial de igual forma continuaría aumentando, los costos de seguridad social seguirían disparándose y los famosos recortes presupuestales se realizarían exclusivamente  en los rubros sociales (ayuda a los estados y ciudades, educación, atención y beneficios para las minorías, jóvenes y los estratos más desfavorecidos), ello devendría en quiebra y cierre de negocios de todo tipo, aumento de criminalidad y tensión social como la vivida en los años noventa durante el mandato de Goerge Bush padre.

De acuerdo con un editorial del New York Times, la falta de acuerdos significará el fin de beneficios al desempleo, que ascienden a unos 290 dólares promedio semanales. Esto afectaría a dos millones de personas perderían de inmediato este beneficio en el primer trimestre del 2013. También se recortaría el beneficio que otorga el gobierno estadounidense a las madres solteras que trabajan tiempo completo bajo un salario mínimo, bajaría de los 1,725 dólares mensuales que reciben actualmente a 165 dólares.

La encrucijada norteamericana es atemorizante, sobre todo si destacamos que grandes porciones de las ciudades siguen asoladas por la delincuencia, la drogadicción y la venta al por mayor de armas a psicópatas mentales que perturban la tranquilidad de propios y extraños. Se sigue pidiendo a las escuelas hacer cada vez más y, al parecer, hacen cada vez menos y con menos éxito. Miles de millones de dólares se gastan en servicios médicos y, sin embargo, para mala fortuna de los norteamericanos, en caso de enfermedades graves, sólo pueden recibir atención si cuentan con un seguro. Los puentes y carreteras se encuentran ya en muy mal estado, y sin embargo, sólo una pequeña fracción del presupuesto se destina para su mantenimiento y restauración.

Al final, el sistema político estadounidense demuestra de nueva cuenta estar sumido en la corrupción de los grandes grupos de poder, quienes financian campañas para tener adeptos a fines a sus intereses económicos, y un elevado número de quienes se dedican a la vida pública parecen estar expuestos a sufrir las bajas tentaciones en agravio de la sociedad.

De esta forma la votación, que se basó en gran medida en votos demócratas para lograr la aprobación, puso fin a reñidas negociaciones sobre las tasas de impuestos, pero deja sin resolver muchas cuestiones del presupuesto antes de otra fecha límite fiscal en unos dos meses – la necesidad de elevar el techo de endeudamiento federal de 16.4 billones de dólares, que oficialmente se alcanzó el lunes. Lo que ha costado a la gran potencia perder su calificación triple A otorgada por la agencia Standard and Poor’s.

Emilio Dantes.

DOCE AÑOS BASTARON PARA LA DEBACLE.

Doce años no fueron suficientes para conocer las fibras finas del poder, para estructurar un aparato gubernamental que diera continuidad a aquello que llamarón “Humanismo Político”, para hacer realidad el prolegómeno de una “Patria Justa y Ordenada”.

Bastaron doce años para echar por la borda los principios libertarios que conminaron a los 7 sabios dar vida a un partido político que se preció de ser democrático.

Hoy Acción Nacional vive la peor de las derrotas, la derrota del abandono ciudadano a sus ideales y a su proyecto político. Un proyecto político que parece estar completamente fuera de lugar y más aún alejado de la agenda gubernamental, subsumido por intereses que parece premiar las derrotas más que el triunfo y que se ha acogido a los designios del poder por encima de cualquier interés social.

Nada bueno podía esperarse de aquellos que condujeron el país a lo largo y ancho del país bajo las siglas de Acción Nacional, políticos que en su formación recibieron un adoctrinamiento orientado a la extrema Derecha y cuya disciplina es la obediencia a ciegas, que  no demostraron estar calificados ni tener las aptitudes propias para gobernar, pues privilegiaron los caprichos más que la política, generando disensos más que acuerdos. Su única moral, aquella en la que fueron educados, está demostrado que es bastante alejada de valores como la honestidad.

Más aún, la formación de nuevos cuadros y la actualización de una plataforma política no parece ser un punto trascendental en su renovación y su proyección ideológica se agoto con el triste deceso de Alonso Lujambio.

En el PAN hay una incapacidad total para comunicarse y transmitir lo que quiere no sólo como Partido sino también como Gobierno, pues siempre se han escudado sus dirigentes en buscar culpas y culpables más que en aceptar con humildad sus yerros; muestra de ello es la depuración al padrón de militantes y los escándalos que han caracterizado a los cercanos del Presidente Calderón con un tema que inicio desde el sexenio del pusilánime Vicente Fox – la corrupción de los casinos en México – esta es la realidad de un partido que se ha dejado llevar por vaivenes de las circunstancias del juego de poder.

Hoy el camino al futuro es sinuoso y largo para volver a ganar un espacio privilegiado de la política nacional, un espacio en donde la democracia interna que lo caracterizó sea nuevamente su principal baluarte, en donde su actuación como oposición sea de crítica más que de complacencia, en donde la renovación no sólo sea una renovación del discurso sino una renovación profunda en sus ideales y proyección de futuro como una opción rentable para los ciudadanos, más aún su responsabilidad como acción de gobierno eficaz en los estados que hoy gobierna.

Muchos son los retos, muchos los responsables de su fracaso y al final el gran perdedor sigue y seguirá siendo la ciudadanía.

@GTorreblank