Eagle: La forja de un presidente, de Kaiji Kawaguchi.

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¿Es posible explicar una campaña electoral como la estadounidense, y transmitir su intensidad, a través del cómic? Lo cierto es que sí. Desde las Primarias de New Hampshire hasta la proclamación del candidato demócrata a la Casa Blanca en la convención de Chicago hay un largo camino en el que intervienen multitud de actores: los candidatos y otros políticos de su partido, su equipo de campaña, los voluntarios, la prensa, los grupos de presión (económicos, culturales, raciales y de toda índole), influyentes hombres de negocio y líderes de opinión. Lograr conseguir el mayor apoyo posible depende de estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado y decir lo adecuado. Hay que estar listo para todo y no dejarse amilanar por las dificultades, incluso cuando el adversario parece llevar la delantera.
El responsable de este singular trabajo, profusamente documentado -el autor viajó a Estados Unidos, se entrevistó con un senador, y recibió asesoramiento académico sobre las campañas norteamericanas- y que le ha valido diferentes premios internacionales, entre ellos el prestigioso premio Eisner, y traducciones a numerosos idiomas, es el veterano mangaka Kaiji Kawaguchi. En una entrevista concedida a Los Angeles Times, explicaba que el proyecto surgió cuando vio el documental The war room, que narraba la campaña de Clinton en las presidenciales de 1992, centrándose en su director de comunicación, George Stephanopoulos, y su lider de estrategia de campaña, James Carville. Textualmente dice “Recuerdo estar asombrado y con las palmas de las manos sudadas de excitación ante la presentación de una estrategia en los medios exhaustiva y de alta calidad, desconocida en la política japonesa”. Parece lamentar, a tenor de sus palabras, la opacidad con que las diferentes facciones de un partido deciden en Japón el sentido del voto y la escasa interacción con los votantes, en contraste con el sistema estadounidense que se reune cara a cara con sus votantes y logra una mayor sentimiento de participación; todo ello sin obviar la posibilidad de manipular al elector a través de un hábil campaña en los medios.

El manga narra el ascenso del senador demócrata de origen asiático-americano, Kenneth Yamaoka, desde que presenta su candidatura, gana las primarias, se enfrenta en campaña contra el candidato republicano y gana las elecciones. No crean que les he chafado la historia. Al igual que ocurre con películas como Titanic, donde todos sabemos que ocurrirá al final, lo que importa es el durante. Por cierto, que aunque se advierta un paralelismo con Barack Obama, es producto de la casualidad, ya que la obra fue serializada entre 1997 y 2001. La campaña es vista desde la óptica del joven periodista japonés del Macho Shimbun, Takaishi Jo, quien va explicando el funcionamiento de la campaña, los medios de que se sirve y la intensidad con que es percibida. Otros personajes que aparecen son alter egos de políticos reales. Así, el presidente Bill Clinton es Bill Clayton, Hillary Clinton es Ellery Clayton y el vicepresidente Al Gore es Albert Noah (principal competidor de Yamaoka en las primarias demócratas). La mujer de Yamaoka, Patricia, tendrá un papel crucial como aspirante a Primera Dama, reforzando la posición de su marido allí donde éste no puede llegar.

Lo que me interesa como politólogo, y creo que al público en general tanto o más, es la claridad con que se explica el complejo sistema electoral norteamericano: Las primarias, que es una larga carrera para determinar el número de delegados que apoyarán a los candidatos en liza (y el papel de los superdelegados), el minimartes y supermartes, el registro voluntario de votantes -a diferencia del sistema español, no existe un censo automático, por lo que los potenciales votantes tienen que acercarse hasta su oficina censal y elegir filiación política, lo que da una idea aproximada a los principales partidos del apoyo con el que cuentan en un determinado estado. La filiación elegida no condiciona en ningún caso el sentido final del voto-

Analiza con bastante detalle el papel de los medios en la carrera presidencial y de como los candidatos intentan obtener el mayor beneficio de los mismos en una relación con altibajos y sujeta a cambios de estrategia cuando surgen escándalos, filtraciones o el contrario se adelanta. El control de la agenda política y mediática se vuelve una verdadera obsesión Los equipos de campaña de los aspirantes a la presidencia analizan de modo constante la información aparecida en todos los medios y encuestas; y las palabras, vestuario y gestos de los candidatos se miden al milímetro, nada se deja al azar. Ello es debido a que hay que ganarse el apoyo de múltiples sectores: pesos pesados del propio partido y de la Administración, lobbies y grupos de presión, asociaciones de toda índole que, una vez decidido a quien van a apoyar públicamente, pueden movilizar una gran cantidad de votos y, por supuesto, al elector individual.

Los debates televisivos tienen ya una larga tradición en Estados Unidos. Una mala actuación puede hundir una campaña entera. Pero hoy día el uso de internet permite que, con un buen uso de las redes sociales, se pueda crear un clima de opinión favorable y repetir de un modo que llegue al mayor número posible de personas, los mensajes claves del programa. Aunque este manga se terminó de serializar en 2001, recoge ya el uso de internet, pero sin herramientas que hoy son tan habituales como los blogs (una rareza en aquel entonces) facebook o twitter, ni terminales como los actuales smartphones y las tablets. En todo caso, no quita actualidad a la descripción de la campaña.

El papel de los voluntarios, que llevan la campaña literalmente a la puerta del votante, se revela clave para movilizar indecisos y luchar contra la metereología adversa. Como curiosidad, el votante republicano medio va a votar más con independencia de la climatología que el demócrata, que ante el mal tiempo suele optar por no acudir a la mesa electoral. La familia del candidato es sometida a escrutinio público y el papel de la primera dama adquiere un protagonismo cada vez mayor. Quedan atrás los tiempos en que la mujer del presidente era poco menos que un florero. Incluso se reflejan las aspiraciones presidenciales del alter ego de Hillary Clinton, Ellery Clayton; un fabuloso ejemplo de apoyo envenenado que puede eclipsar la carrera del verdadero candidato. Lean y lo verán.

El último tomo recoge casi en solitario la campaña contra los republicanos y, como no podía ser de otro modo, el ascenso a la Casa Blanca del primer presidente asiático-americano. Juzguen ustedes si estamos hablando de un comic profético o no. En España lo editó Glenat (actual EDT) entre 2008 y 2010. Lamentablemente creo que es complicado encontrarlo ahora, pero vale la pena intentarlo. Disfrútenlo y vivan la intensidad de la carrera a la Casa Blanca

Publicado por José Luis López Valenciano

Cuba y Venezuela: Dos países y un destino.

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Hace ya unos días refería la situación y los retos a los que se enfrenta Venezuela en este periodo de transición. Aunque nombré la influencia de Cuba en la política venezolana de los últimos años, creo que merece la pena examinar detenidamente el punto en que se encuentra ahora mismo Cuba y las incertidumbres a que se enfrenta ante el previsible fin de Chávez.

No se puede entender la historia reciente de ambos países sin reconocer hasta que punto se entrelazan sus políticas. El papel de Fidel Castro durante el golpe de estado a Chavez en 2002, ganando tiempo y asesorando al depuesto presidente y las fuerzas armadas que aún le eran leales, fue vital para su vuelta triunfal a la arena política. Este hecho se ha traducido en un muy generoso agradecimiento en forma de petróleo por parte de Venezuela. Sé que algunos críticos pueden decir que, a cambio, Cuba proporciona profesionales, los famosos “cooperantes”, para llevar a cabo labores culturales, sociales y sanitarias. Lo que no dicen es que éstos no los paga Cuba. Sin contar con que Venezuela posee también profesionales propios, que quedan desplazados del mercado laboral autóctono. Cuestión aparte es el control de la inteligencia cubana sobre sectores claves del país.

En cualquier caso, Cuba ha logrado una influencia sin parangón en toda su historia sobre un país de su misma órbita ideológica. La ayuda venezolana es lo único que ha impedido el descalabro total de una Cuba en la que nada funciona, y no debido al mal llamado bloqueo estadounidense. En relación a éste, una mera lectura de los datos que la propia Oficina Nacional de Estadística e Información de Cuba proporciona, permite observar como hablar de bloqueo (en realidad, más bien se trataría de un embargo unilateral) de Estados Unidos que ahogue la economía cubana e impida su desarrollo es, como poco exagerado, cuando no una vil mentira. Atendiendo a los datos oficiales sobre exportaciones e importaciones que la misma página da, Cuba comercia a día de hoy con casi 100 países de todos el mundo. Y eso no es todo, Estados Unidos es el principal suministrador de arroz y productos avícolas de Cuba, además de exportar otros cereales y productos humanitarios.

La Ley Helms-Burton, que endureció las condiciones del embargo estadounidense en 2006 (aunque contienen numerosas excepciones que la suavizan), no ha impedido a muchos países seguir comerciando con Cuba e incluso que dictaran disposiciones nacionales para contrarrestarlas. La prohibición a empresas estadounidenses de comerciar con Cuba a través de filiales extranjeras tampoco es absoluta, ya que lo que impone es un límite máximo de 700 millones de dólares en facturación. Aun con las limitaciones de la ley, decenas de miles de estadounidenses visitan el país caribeño cada año y los exiliados cubanos envían anualmente remesas monetarias que alcanzan los 1000 millones de dólares.

La historia económica de Cuba es la historia del fracaso de un modelo político y económico, y una peor gestión de un hombre sin visión de futuro que no aprovechó los generosos subsidios de la URSS, que limitaron en gran medida los efectos del embargo en las décadas iniciales, para intentar construir una economía sólida. En su lugar, logró que el país fuera cada vez más dependiente del exterior, hasta que, con la caida del bloque soviético, perdió más del 80% de sus relaciones comerciales, obligándole a abrirse a nuevos mercados y entrando en periodo de crisis que dura hasta hoy.

Con el cambio de liderazgo político, pero dentro de la familia, algunos albergaron esperanzas de un cierto aperturismo al escuchar las palabras de Raul Castro en septiembre de 2010, cuando anunció que serían eliminados un millón de puestos del sector público y, en el Congreso del Partido Comunista de abril de 2011 fueron aprobadas 313 lineamientos (líneas de actuación) sobre como llevar a cabo las reformas económicas, pero sin indicar el modo en que éstas serían llevadas a cabo. En todo caso cualquier reforma anunciada no pasaba del plano económico. Incluso la reciente reforma migratoria, que flexibiliza las condiciones de salida de los cubanos al exterior, no deja de ser una cuestión anecdótica en un país donde están restringidos hasta los movimientos internos entre provincias. A día de hoy, los despidos anunciados no se han llevado a cabo, la corrupción sigue siendo rampante y el mercado negro y la economía sumergida son más importantes que nunca para la supervivencia de muchos cubanos.

La Habana se ha convertido en la nueva Caracas, donde los hermanos Castro hacen y deshacen a su antojo en la política venezolana. Venezuela no es un país tercermundista destruido por la guerra (aunque vistas sus cifras de muertes por cada 100.000 habitantes pudiera llegar a parecerlo), sin médicos ni medios. Aunque mal gestionados durante años, tienen todavía ingresos del petroleo y un buen capital humano. Por ello, no existe ninguna razón por la que Chávez debiera ser tratado en Cuba, más que para mantener el secretismo sobre su estado real de salud y lograr ejercer más influencia sobre un debilitado Chávez.

El fin del castrismo está íntimamente ligado al fin del chavismo. Aunque el flujo de petróleo barato y ayudas no amenaza con desaparecer a corto plazo, terminará algún día. A la transición venezolana seguirá la transición cubana pues, aunque Fidel Castro delegó en su hermano Raul, sigue contando con un inmenso poder y autoridad y no habrá cambios sustanciales hasta que fallezca. A día de hoy se limitan a ganar tiempo para afianzar su poder sobre los sucesores, o quizás deberíamos hablar de sustitutos, de Chávez.
Publicado por José Luis López Valenciano