El acoso sexual es una situación que se ha naturalizado entre las mujeres que utilizan el transporte público, coincidieron estudiantes del Colegio de Antropología Social de la BUAP, durante su participación en el conversatorio “Diálogos frente a la violencia hacia las mujeres”, en el que presentaron el trabajo de investigación “Reflexiones sobre el acoso sexual en el metrobús. Una experiencia desde la práctica de campo”.

En el auditorio de este colegio, los alumnos Ana Cecilia Fuentes Castell, Itzel Robles Cortés, Cora Pacheco Balderas, Julio García Ordaz y Guillermo Serrano Herrejón, informaron que el trabajo fue realizado en la línea 2 de la Red Urbana de Transporte Articulado (RUTA), con entrevistas a mujeres y hombres que hacen uso de este servicio.

Gran parte de las entrevistadas fueron víctimas de algún tipo de acoso al tomar este transporte; sin embargo, lo consideraban como algo que tarde o temprano les podía suceder, por lo que ante una agresión preferían ignorar, quedarse calladas o simplemente moverse de lugar dentro de la unidad.

Asimismo, se mostró que muchas veces las mujeres prefieren no emitir alguna denuncia debido a la burocratización de los procedimientos y a que existe una desestimación de la víctima en los sistemas de impartición de justicia, en donde la culpa no recae en los agresores, sino en la persona afectada bajo la justificación de que eso le pasó debido a la vestimenta que usaba, la hora en la que se encontraba fuera de casa o si estaba en estado de ebriedad.

Tome nota

Por otro lado, comentaron que en los horarios en los que el transporte es menos concurrido es cuando se presentan más casos de acoso, ya que los agresores aprovechan que hay poca gente y pueden incluso realizar acciones más violentas en contra de las víctimas.

El equipo de estudiantes informó que el sistema RUTA cuenta con un protocolo de seguridad, el cual consiste en que una persona al ser violentada puede acercarse al conductor para informarle y así se notifique por radio a la siguiente estación, lugar en el que elementos de seguridad subirán al autobús para solicitar que el atacante en cuestión descienda de esta.

“Sin embargo, la mayoría de la gente no conoce este protocolo porque no es difundido de forma correcta, además de que una vez que los elementos de seguridad bajan al agresor este puede volverse a subir a otra unidad sin que se lo impidan”, señalaron.

De igual forma, comentaron que la saturación de las unidades en hora pico hace que aunque se cuente con cámaras de seguridad dentro de estas sea difícil identificar a un agresor, por lo que el sistema de transporte no cumple con los estándares de seguridad que debería y es necesaria una revisión de las políticas con las que se rige.

A detalle

El estudio también abarcó entrevistas a hombres y los resultados demostraron que muchos de ellos no consideraban como acoso sexual seguir a una mujer o hacer piropos, sino como un halago a la persona.

Finalmente, los universitarios concluyeron que este es un problema tanto estructural, como social y cultural, por lo que es importante que mediante la antropología se genere una conciencia que permita realizar cambios en beneficio de la población.

El conversatorio formó parte de las actividades del programa ¡No solo es cosa de mujeres!, impulsado por diversas dependencias de la BUAP en conmemoración del Día Internacional de la Mujer.