Lo dijo claro Fernández Noroña la noche de la victoria de Luis Miguel Barbosa, “Acción Nacional debe ser generoso y reconocer la derrota”. Una derrota aciaga, una derrota que inició el 24 de diciembre y quebranto a los más files, quienes permitieron que la imposición fuera la antesala para regresar a ser los perdedores de antaño.

Momentos aciagos vivió Puebla aquel 24 de diciembre, cuando en un accidente hasta hoy cuestionado falleciera la recién electa gobernadora Martha Erika Alonso y el senador Rafael Moreno Valle, un gobernante que marco una etapa de modernidad pero también de excesos para Puebla.

Pero hoy la reconciliación es el cuantum de un discurso triunfalista, así lo hizo patente la dirigente nacional de Morena, ofreciendo el triunfo electoral de Puebla – en clara pleitesía – a su presidente, Andrés Manuel López Obrador, quien a más de seis meses en el cargo empieza a perder popularidad y comienza a ser duramente cuestionado por la falta de claridad y vaivenes en su gobierno.

En el Zócalo de la capital, ante un centenar de simpatizantes quienes vitoreaban un triunfo con poca afluencia en las urnas, Luis Miguel Barbosa, virtual ganador, fue directo: “una sociedad democrática se nutre de la diversidad y la pluralidad”, pero advirtió que este proceso electoral no acaba con esta elección y adelantó una revisión profunda para ir a recuperar la confianza de los poblanos que no participaron, reconociendo el abstencionismo producto del hartazgo y la desconfianza en lo que llamó el ejercicio abusivo del poder. Primer reto que tendrá enfrente el próximo gobernador para recuperar la dignidad de los gobiernos, haciendo que las cosas funcionen.

Especial atención habrá para la capital, así lo denotó veladamente el triunfador, y es que el gobierno municipal de Puebla evidenció la desconfianza, impericia y nimios resultados de su alcaldesa Claudia Rivera Vivanco, ante su primera evaluación con el voto de castigo y rechazo de Morena por los poblanos.

“Un gobierno de identidad, cargos que emerjan de las bases de éste movimiento” fueron las palabras del futuro gobernante, “un gobierno alejado de visiones sectarias” para un Estado sumido en la desigualdad y que requerirá de cambios profundos para mitigar la pobreza y la marginación, no obstante ser el séptimo estado que recibe el mayor presupuesto del país.

Así cerró la noche de la jornada electoral extraordinaria en Puebla, con un triunfo sin mayores aspavientos, con más interrogantes que deberán pronto afrontar los ganadores para legitimar el cambio de la cuarta transformación antes de quedarse en el intento e imaginar futuros triunfos electorales para 2021.

Por Gabriel Torreblanca Flores