A un mes de la muerte de Rafael Moreno Valle y Martha Erika Alonso, el escenario político en Puebla dio un viraje. Las principales figuras del otrora grupo en el poder, en los últimos días, fueron relegadas, condenadas al ostracismo, al exilio.

Primero fue Eukid Castañón Herrera, principal operador político del morenovallismo. El ex legislador optó por el retiro, sabedor del escenario que se vivirá en los próximos meses. Leyó entrelíneas, sus adversarios tienen ahora la sartén por el mango. Sin margen de maniobra, prefirió replegarse.

El 15 de enero hizo pública su decisión de “colgar los guantes” para concentrarse en su familia y proyectos personales. “A mis adversarios y detractores, de los que siempre tuve un aprendizaje, les deseo lo mejor”, expresó en una carta.

Los días transcurrieron, el siguiente en la lista fue Luis Banck, quien el pasado fin de semana les confesó a sus más allegados su intención de no buscar la candidatura a la gubernatura de Puebla.

El reacomodo y nuevas alianzas al interior de los partidos Acción Nacional, PRD, Movimiento Ciudadano, Compromiso por Puebla y PSI, no le favorecen. No goza de la gracia de quien ahora se ostenta como el líder moral del grupo; además, los panistas de cepa no lo ven como una opción, prefieren mandar a uno de los suyos.

Este miércoles, el ex alcalde de la ciudad de Puebla confirmó la noticia. Desiste en su intención de aparecer en la boleta de la elección extraordinaria; fue a través de su cuenta de Twitter donde hizo el anuncio.

“Hago votos para que Puebla avance en paz y unidad”, escribió en el microblogging.

Posteriormente, Marcelo García Almaguer fue el sacrificado. El operador en medios y especialista en branding fue quien pagó los platos rotos tras la unción de Guillermo Pacheco Pulido como gobernador interino.

El otrora coordinador de la bancada panista quedó relegado. Su voz ya no tendrá eco como hace unos meses; pero como él lo mencionó, no bajará los brazos.

La recomposición del mapa político no permite la presencia de quienes por cerca de ocho años fueron los confidentes más cercanos de Rafael Moreno Valle. No así aquellos que al final marcaron distancia y abandonaron a dicho grupo.