Por GTF

Puebla merece más

Sí, opinamos y nos dolemos de la poca participación del pasado 2 de julio, pero sólo hacemos uso de las redes sociales para comunicar frustraciones y descontento social.

Hablar de abstencionismo como derrotero de los perdedores es parte ya de uno más de los muchos análisis histórico – electorales de la entidad poblana.

El proceso electoral llegó a su fin, y las reglas del juego democrático han dado un vencedor, Luis Miguel Barbosa, quien gobernará hasta diciembre de 2024.

Ahora, el tiempo y las circunstancias urgen de valoraciones más amplias.

Urge a los poblanos salir de su zona de confort para ir a un nuevo encuentro entre la sociedad y el gobierno en la búsqueda de consensos que permitan la construcción de un proyecto compartido.

Sin duda, Puebla necesita de una sociedad más crítica, más participativa, más incluyente, más compenetrada y comprometida del quehacer público, una sociedad que comprenda de una vez su parte dentro de la colectividad, una sociedad en donde las universidades tomen las riendas de la crítica constructiva cuando haya disenso de las acciones de gobierno, una sociedad en donde la prensa sea más objetiva del manejo de la información, en donde los periodistas se comprometan con la veracidad y se alejen de las fobias mercantilistas. Líderes empresarias comprometidos honestamente con el desarrollo sustentable; maestros y docentes calificados que se conviertan en auténticos referentes comunitarios. En suma, ciudadanos más activos dentro del espacio público.

Así, el reto que tiene en frente la nueva administración estatal de Puebla no es otro sino la capacidad de generar ese nuevo diálogo entre sociedad y gobierno, a partir de la recuperación de la confianza, con el diseño de estrategias que permitan ganar poco a poco espacios de conversación y experimentación, espacios que permitan lograr certidumbre en el ejercicio del quehacer público luego de la poca concurrencia a las urnas, para de este modo vencer la apatía e ir ganando terreno a la confianza legítima del nuevo gobierno

A través de una mayor participación ciudadana, la toma de decisiones será más honesta, transparente e incluyente; y se acotarán los amplios márgenes de discrecionalidad que tanto daño han hecho a las finanzas estatales.

Pero, ¿se acabará con la fantochería como estilo de gobernar?

La lógica pública para Puebla puede devenir en dos momentos, lograr desde la inauguración de lo que denominan el nuevo régimen de la Cuarta Transformación, el consenso ciudadano en el diseño de un plan moderno y realizable para el Estado a través de un nuevo estadio de debate participativo más allá de foros que sólo sirven para la anécdota, y el segundo, en la capacidad de comunicar una nueva narrativa orientada al actuar del gobierno que hasta ahora es mal entendida por su pregoneros, y que a nuestro juicio es en esencia la primera gran transformación de régimen, con el arribo de un gobierno cargado de ideología de izquierda sentado al frente del ejecutivo poblano.

Esto último, de ser verdaderamente entendido, abre un cúmulo de posibilidades para cambiar en esencia a una sociedad cargada de fobias e inseguridades, al introducir mecanismo diversos de actuación y participación pública que no sólo compensen condiciones de marginación, sino que por el contrario, sean capaces de lograr esa noble idea de reconciliación para elevar la calidad de vida de los poblanos, cuyo desafío será pasar de la ambigüedad discursiva que tanto caracteriza a los políticos para aprovechar el momentum histórico nacional de encauzar un diálogo inteligente para sacar lo mejor de la ciudadanía.