En política hay que entender las entrelineas, podremos suponer muchas cosas dentro del proceso de selección de candidatos de Morena, en medio de acomodos y negociaciones ríspidas por el control estatal.

Los números en el estado le son favorables al obradorismo, son tan claros los números que la dirigencia nacional seleccionará cuadros competitivos y ganadores para refrendar la llamada Cuarta Transformación, enterrando de una vez por todas los vestigios del morenovallismo.

Aunque el escenario le es favorable al obradorismo, estos números no le son tan favorables al gobernador Miguel Barbosa, quien luego de ser electo tras la tragedia del 28 de diciembre, no ha sido capaz de entender el contexto y fortalecer a sus cercanos para afianzar su proyecto y legado como gobernante. Su imposibilidad de lograr un consenso estatal es tan evidente que sus incondicionales no resultaron tan incondicionales.

Primero cayó Manzanilla, aquel aliado que cayó en desgracia por discordias y acusaciones de traición; luego cayó David Méndez, uno de los preferidos por aquellas luchas pasadas a quien también tachan de operar en contra de línea del mandatario, ya se depuso a Guillermo Aréchiga, otro aliado del que se rumora se tiene una carpeta de investigación por sus excesos en la Secretaría de Transporte.

Mientras la guillotina de Casa Aguayo se afila para cortar más cabezas, queda evidencia de que al gobernador el timing lo ha sobrepasado, y será muy probable que sus números al final no le resulten tan favorables dentro de la designación o selección de candidatos a diputaciones y alcaldías. De resultar cierta esta hipótesis, el gobernador verá reducida su fuerza como líder estatal por aquello que siempre criticó, la fatuidad.