La pandemia amenaza a nuestro entorno inmediato no solo en la salud pública, sino en la economía y el tejido social, agravando la inseguridad y acelerando de forma dramática la pérdida de empleos. Caída que, de acuerdo a datos del IMSS, se ha incrementado a 6.4 empleos perdidos en un año, signo inequívoco de lo que se estima será la peor contracción económicas en décadas.

Bajo esta perspectiva, el Banco Mundial estima un escenario complicado para la población, ya que se incrementará la pobreza y con ello la desigualdad; para el caso de Puebla impactará de manera gradual en cerca de 1,576mil hogares, comenzando con el sector informal y a los trabajadores por cuenta propia.

Las ciudades están en la primera línea de batalla frente a la pandemia, por lo que sus gobernantes, de acuerdo a expertos convocados por la iniciativa “C40 Ciudades”, deben asegurar que sus habitantes puedan satisfacer todas sus necesidades en cortas distancias que permita nuevas condiciones de calidad de vida y derecho a un nuevo modelo de ciudad equitativa y sostenible.

A decir del especialista y catedrático de la Universidad de la Sorbona de Paris, Carlos Moreno, diseñador del modelo de Ciudades de 15 minutos, las ciudades en el mundo deben apostar con urgencia a cambiar el paradigma urbano para mejorar la calidad de vida de las personas a partir de la ciencia.

Los residententes de barrios marginales y asentamientos informales son los más  vulnerables.

Cientos de personas que viven en barrios marginados y asentamientos informales hoy carecen de infraestructura y servicios básicos, como agua, saneamiento, recolección de basura y atención médica básica, lo que se convierte en un indicador de vulnerabilidad al que los gobiernos deber mirar con una mayor dimensión en cuanto a sus programas y planes de acción local focalizada en zonas de atención prioritaria frente a la pandemia, por la acelerada tasa de infección como resultado de una insuficiente distribución y suministro de servicios básicos indispensables.

El distanciamiento físico es otro aspecto que merece un mayor entendimiento para la adecuada gestión del espacio público que evite aglomeraciones y con ello, el acelerado riesgo de propagación de la enfermedad a partir de intervencionismo táctico. La necesidad de cientos de salir a la calle, debe obligar a los gobiernos a tomar medidas urgentes para reconceptualizar el paisaje urbano tan acostumbrado al hacinamiento dentro de las áreas urbanas de mayor concentración comercial.

En un contexto de creciente vulnerabilidad y necesidades crecientes, los gobiernos municipales se enfrentan además  a recursos financieros severamente tensos. Tan solo hace un par de días, el gobernador del Estado aunució el recorte y reducción de participaciones a municipios para hacer frente a la contingencia, sin explicar a mayor detalle sobre qué rubros de las administraciones locales se verán afectados y qué impacto directo esto tendrá en la población ante la posible reducción de servicios públicos regulares, así finalmente cuál será el destino que dicha reconducción presupuestal tendrá, al tener enfrente un proceso electoral que parece preocupar más que la pandemia.

Las ciudades deben luchar contra la Covid – 19 en tres frentes:

1.    La fase de emergencia, centrada en prevenir la transmisión comunitaria de enfermedades y cuidar a los afectados

2.    La fase de recuperación temprana, que se centra en mitigar el impacto en los grupos vulnerables, impulsar la economía local y planificar la nueva normalidad, en condiciones fiscalmente tensas

3.    La nueva normalidad, con todas las incertidumbres sobre el futuro del trabajo y la densidad, entre otros.

Las ciudades juegan un papel crítico durante la fase de emergencia, al apoyar los servicios de atención médica, mantener la infraestructura básica y proporcionar servicios, aumentar la conciencia colectiva sobre la higiene y cómo reducir la tasa de infección, y brindar apoyo a aquellos cuyos medios de vida se han visto seriamente afectados. Y en las muchas áreas donde los registros de protección social de los gobiernos no están actualizados, las ciudades necesitan un enfoque basado en el lugar dirigido a barrios marginales y asentamientos informales que albergan a los pobres urbanos, así como a los «nuevos pobres» cuyos medios de vida se verán afectados en los próximos meses.

La ciudad de Buenos Aires, Argentina, por ejemplo, se centra en el enorme desafío de los asentamientos informales. En Barrio 31, la ciudad amplió los esfuerzos de comunicación, incluso a través de WhatsApp y Facebook, así como campañas de concientización. Se da prioridad a la atención a las personas en riesgo, incluidas las que se encuentran en viviendas superpobladas y las personas mayores, a quienes se les ofrece la reubicación en hoteles y otras instalaciones para permitir el distanciamiento físico como medida preventiva. Se presta especial atención a las mujeres y los niños en riesgo de mayor violencia doméstica a través de un enfoque en la detección temprana, la ampliación de los servicios sociales y la sensibilización de los vecinos. El apoyo adicional incluye comidas para escolares, distribución de alimentos a hogares pobres y cocinas comunitarias.

En India, el gobierno de Uttar Pradesh está brindando apoyo de ingresos a los trabajadores informales que perdieron sus empleos debido a la pandemia, incluidos los vendedores de alimentos, los conductores de bicitaxis y los trabajadores de la construcción. La ciudad de Quito, Ecuador, ha ampliado la distribución de alimentos a través de unidades municipales móviles y mercados de alimentos.

Varios países, como El Salvador, han introducido una moratoria temporal contra los desalojos para quienes no pueden pagar el alquiler o su hipoteca, así como políticas para evitar que los servicios públicos desconecten servicios como el agua y la electricidad a quienes no pueden pagar sus facturas. En Perú, la ciudad de Lima ha proporcionado refugio temporal a su población sin hogar, además de distribuir alimentos para grupos vulnerables. Ciudad de México, debate ya una polémica iniciativa para congelar las rentas, mientras que orgnismos descentralizados y empresas prestadoras del servicio de agua potable en México, concedieron beneficios de condonación de tres meses para zonas de alta y media marginación.

Con su capacidad de entrega limitada por una caída en los ingresos, las ciudades necesitan más ayuda que nunca del sector privado y la sociedad civil, lo cual será posible a partir de un amplio diálogo que permita conciliar diferencias en torno a proyectos comunes. En Indonesia, el sector privado está proporcionando kits de pruebas rápidas a bajo costo para reducir la carga sobre el sistema de salud pública sobre cargado. En Bangladesh, las organizaciones de la sociedad civil están proporcionando servicios de transporte gratuitos para los trabajadores de la salud.

Además, las ciudades deben prestar atención prioritaria a los grupos marginados durante las medidas de cierre y distanciamiento. Esto incluye a las mujeres sometidas a una mayor incidencia de violencia de género, personas mayores aisladas en el hogar, niños cuya educación y apoyo nutricional están cortados, personas viviendo con discapacidades y grupos que enfrentan discriminación.

La implementación de los planes de recuperación requiere que los gobiernos de las ciudades se coordinen con muchas partes interesadas (agencias sectoriales, el sector privado y grupos comunitarios) para desarrollar medidas integradas y priorizar las inversiones con inteligencia colectiva. El establecimiento de una entidad o mecanismo de coordinación metropolitana ayudará a facilitar la colaboración entre las muchas agencias que prestan servicios y llevan a cabo inversiones y medidas de resiliencia.

Estos son solo algunos de los debates ciudadanos que ya se discuten y analizan en múltiples ciudades, reflexiones que nos invitan a tomar acción e incidir en nuestro entorno para hacer frente juntos a la pandemia.

Por Gabriel Torreblanca Flores