La ciudad de Puebla, lejos de la belleza arquitectónica del Centro Histórico, de su oferta gastronómica, educativa y cultural, adolece de un severo problema, enquistado en la mayoría de quienes habitan dicha urbe; no es otro que la apatía y la falta de compromiso por mantenerla limpia.

Somos expertos en quejarnos de las autoridades, de cuestionarles, de exigirles un sin fin de cosas; sin embargo, uno no hace nada para tener una mejor ciudad. Dicho comentario viene a cuento por una serie de fotografías de la Agencia Es Imagen, quienes documentaron y compartieron en sus redes sociales cómo quedó la Angelópolis tras los festejos de fin de año, una ciudad tapizada en basura. Calles infestadas de pirotecnia, de papeles, botellas de plástico.

«Son buenos para arrojar y cerdos para no levantar su propio cochinero», escribió un usuario de Twitter al observar dichas fotografías. Posteriormente, alguien escribió: «Así tendrán de puerco el cerebro, sus casas y sus vidas. ¿Qué ejemplo les dan a sus hijos? De pena ajena».

Posteriormente, Salvador Martínez, titular del Organismo de Limpia, subió a su cuenta de Twitter una serie de imágenes en donde denunció la destrucción de un par de los botes papeleros. Depositaron ‘cohetes’ y ‘palomas’ y estos ‘volaron’.

«La educación inicia desde casa, y el cuidado de nuestro mobiliario es responsabilidad de todos. Inculquemos valores y respeto a nuestros hijos e hijas. ¡No destruyan los botes papeleros con pirotecnia, u otros instrumentos!», escribió en el microblogging.

Pero este no es un problema de temporada, quienes habitan esta urbe se encargan de ensuciarla a diario. No son capaces de mantener limpias sus calles, sus unidades habitacionales, su Centro Histórico, sus avenidas, sus fraccionamientos. La basura anida en ellos. La mayoría de los ciudadanos tiene esa obsesión por tirar el papel, la bolsita de las papas, el cigarro, el chicle en la vía pública, por citar algún ejemplo. Esto refleja la falta de educación y nos retrata como una sociedad en involución.

Somos buenos para criticar y cuestionar a las autoridades por sus yerros; pero nosotros, ¿cuándo vamos a enmendar los propios?