Atletas de élite y con problemas mentales, el tema ha sido puesto sobre la mesa y en un momento culminante del deporte, en plenas olimpiadas.

Simone Biles puso el dedo en la llaga, decidió mostrar la debilidad de la que era objeto y eso no era un asunto menor, vista como una gimnasta con habilidades extraordinarias para darle a su país más de una medalla de oro, pero ella llegó a su límite; los demonios en su cabeza lograron desestabilizarla, obligándola a abandonar la competencia y buscar ayuda.

Solo hasta ese momento, el mundo se dio cuenta que Simone Biles arrastraba una serie de problemas: desde el abandono de sus padres, hasta el abuso sexual del que fue víctima por parte de Larry Nassar.

Su caso recordó otros más que han sido minimizados y casi olvidados en el mundo deportivo; Julissa Gómez, otra gimnasta que soportó burlas, insultos y entrenamientos llevaron a su cuerpo al extremo. Fue en Tokio en 1988 que marcó su destino, un tropiezo sobre el potro ocasionó una fuerte caída ocasionándole una parálisis del cuello hacia abajo. Aunque fue hospitalizada, su ventilador se desconectó y la falta de oxígeno la dejó en coma durante tres años, en 1991 murió a causa de una infección.

Christy Henrich sufrió insultos; el motivo, su peso. Un juez fue el encargado de hacerle ver que su cuerpo no cumplía con los estándares en la gimnasia, por lo que debía mantenerse delgada a como diera lugar; finalmente, logró su cometido, pero a un precio muy alto: era anoréxica. Estaba muy débil para competir y debido a su condición, en 1994, tuvo una falla multiorgánica, falleció a la edad de 22 años.

La soviética Elena Mukhina enfrentó la presión para superar a la figura de la gimnasia, Nadia Comanecci, y para ello realizó, obligada por su entrenador, el salto de Thomas, un ejercicio tan peligroso que, al practicarlo dos semanas antes de los Juegos Olímpicos de 1989, no logró completarlo. Cayó, se golpeó la barbilla ocasionándole una fractura espinal que la dejó parapléjica; la atleta murió a los 46 años debido a complicaciones derivadas de su lesión.

En 2019, la estadounidense Samantha Cerio fue viral en redes sociales; el motivo, la lesión que sufrió mientras concluía su rutina. Las imágenes del momento exacto son muy fuertes, se había dislocado las dos rodillas, tuvo una fractura de tibia y peroné en las dos piernas y la ruptura de varios ligamentos. Tras una larga recuperación, Samantha le dijo adiós a la gimnasia y se dedicó de lleno a su carrera, ingeniería aeroespacial.

Naomi Osaka, la figura del tenis en Japón, reveló los problemas que estaba experimentando a causa de la depresión y el estrés del que era objeto. Los episodios de ansiedad estaban mermando su salud mental, al grado de retirarse del abierto de Francia, multada con 15 mil dólares por negarse a hablar con la prensa. La tenista se dio su tiempo para enfrentar su problema y estar lista para los Juegos Olímpicos de Tokio.

El tiburón de Baltimore tampoco se salvó de la depresión. El atleta con más medallas olímpicas en el mundo, Michael Phelps reconoció que no se curaría tan fácil de esta enfermedad mental. El nadador reconoció que tuvo más de tres periodos de depresión; incluso, llegó a poner su vida en peligro, por lo que se sometió a un tratamiento para seguir adelante.

El basquetbolista Kevin Love reveló la lucha constante que enfrenta consigo mismo, la depresión, la ansiedad y los ataques de pánico.

El miedo fue tan grande que en 2017 pensó que la muerte era una posibilidad, confesó Love.

Otra figura del deporte es Andrés Iniesta, el gran futbolista español también reveló la depresión que sufrió, no solo por la presión de ganar la Copa del Mundo en 2012, sino también por la muerte de su amigo Dani Jarque, esos dos momentos hicieron mella en su salud mental; por lo que pidió la ayuda de una psicóloga para afrontar la crisis.

Estos son solo unos ejemplos de que los atletas están bajo un estrés constante; el cual, aumenta cuando las competencias se acercan, poniéndolos al límite, tanto física como mentalmente; so es evidente en sus rostros, y que el público olvida que ellos son como nosotros, personas de carne y hueso.

Por Nancy Castro