Libertad de expresión y democracia, herencia del Movimiento del 68

Libertad de expresión y democracia, herencia del Movimiento del 68

octubre 1, 2018 0 Por Redacción

Más presupuesto para las instituciones de educación pública y becas, así como nuevos institutos, son algunos de avances que se generaron para los universitarios del país, tras el movimiento estudiantil de 1968, protagonizado por jóvenes mexicanos, capaces de sacudir y transformar al México de ese entonces.

El relato de los sobrevivientes, con el paso de los años, ha prevalecido sobre la versión oficial y se han convertido en ejemplo de valentía, pues con la fuerza del idealismo por conseguir libertad, los jóvenes fueron el sector de la sociedad que salió a las calles para manifestar el descontento casi generalizado de los mexicanos, que si bien gozaban de un mejor estilo de vida; sentían miedo y vivían en represión.

“El movimiento estudiantil del 68 fue un parteaguas, antecedido por los ferrocarrileros, los agraristas y los médicos, pero habría que destacar que en el movimiento estudiantil fueron jóvenes, lo cual es muy importante y uno de sus alcances fue la libertad de expresión y la apertura por la democracia”, consideró María del Carmen del Valle, quien estudiaba en la Escuela Nacional de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y destacó en ese año como brigadista y miembro del Comité de Lucha de El Colegio de México (Colmex).

Lo que comenzó como un simple acto de represión para controlar a los estudiantes, que el 22 de julio se enfrentaron en un pleito entre las vocacionales 2 y 5 del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y la Preparatoria Isaac Ochoterena de la UNAM, se transformó en una lucha por la libertad.

En esos años, no era usual que la gente saliera a las calles a manifestarse inesperadamente, las marchas requerían una autorización por parte del entonces Gobierno del Distrito Federal y a pesar de que los estudiantes contaban con los permisos correspondientes, “las marchas y los mítines, hay que reconocer, que fueron espacios marcados por la violencia”, relató la también académica, en un conversatorio conmemorativo del movimiento estudiantil, realizado en el Colmex.

La sociedad, de los años 60 estaba susceptible ante los cambios demográficos del país y sentía que la vida mejoraba, además florecía el orgullo de ser sede de los Juegos Olímpicos, un compromiso a nivel internacional, que no cualquier país tenía.

“En esos años es impresionante como todo mejoraba y la pobreza disminuía; lo que no mejoraban eran las libertades democráticas, vivíamos mejor, pero éramos reprimidos y vivíamos con miedo, de ahí que gente más preparada tenía más expectativas y se encontraba con un mundo que le tapa la boca; entonces los jóvenes tomamos las calles, gritamos lo que queríamos gritar, queríamos libertades; creo que era un claro obscuro del país porque todo mejoraba, pero era una dictadura”, compartió el académico Julio Boltvinik.

En entrevista, el también político que pasó 40 días en la Cárcel de Lecumberri y dos años en libertad bajo fianza por ser parte del movimiento estudiantil, afirmó que a 50 años de que los jóvenes fueron reprimidos con la fuerza totalitaria existen cambios substanciales.

“Es muy difícil hacer el análisis causa efecto, pero no cabe duda que después del 68 ha habido por un lado represiones muy fuertes como le guerra sucia en los 70, pero por otro lado hay aperturas y avances muy importantes.

“El gobierno posterior al 68 por un lado organiza la matanza del 10 de julio que es una mini replica de Tlatelolco, pero por otro lado le da más presupuesto a las universidades públicas; crea la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), por primera vez en mucho tiempo se crea una nueva universidad en el país; funda el Conacyt para dar becas a los estudiantes, construye el edificio de El Colegio de México y hay un desarrollo de la educación primaria y secundaria”, ejemplificó.

Asimismo, apuntó, en la actualidad la democracia está cada vez más cerca de la vida de la población, pues las elecciones ahora son organizadas por un instituto electoral autónomo.

“Ahora se cuentan los votos, hay partidos de oposición, hay alternancia, sin duda hemos avanzado, hay más transparencia de lo que hace el gobierno, como ciudadanos podemos tener acceso a más información del que teníamos antes, pero aún no es una sociedad democrática”, opinó.

Además, el movimiento estudiantil mostró que era posible organizarse como lo hicieron los jóvenes a través del Comité Nacional de Huelga (CNH) y su pliego petitorio, que en sus seis puntos exigía: libertad de todos los presos políticos; supresión de los delitos de disolución social, contenidos en los artículos 145 y 145 bis del Código Penal; destitución del jefe y subjefe de la Policía Preventiva del Distrito Federal; indemnización a las víctimas de los actos represivos; supresión del Cuerpo de Granaderos y castigo a los funcionarios responsables de actos de violencia contra los estudiantes.

Para Maricela González Jurado, quien es profesora de la Escuela de Arquitectura de la UNAM, ésta organización se convirtió en ejemplo para otras movilizaciones sociales.

“Desde el movimiento, muchos estudiantes se fueron con el pueblo y desde ahí la vena del 68 palpitó y lo sigue haciendo, seguimos al pie de lucha, es un honor haber sido estudiante en el 68. Si no hubiera existido el movimiento estudiantil, no hubiera habido autogobierno, que los movimientos se involucraran para cambiar este país”, expresó la académica, quien recuerda con orgullo que fue brigadista y participó en mítines y marchas a favor de la libertad, a pesar de que su padre le advertía: “no te metas ahí, porque están matando a los estudiantes”.

Y así fue, luego de que los jóvenes el 26 de julio llevarán a cabo una de las mayores insubordinaciones urbanas de la historia del país al dirigir su manifestación al Zócalo capitalino, y de que derrotaran a la policía al defender sus planteles educativos, se respondió con represión y acalló esas voces que exigían libertad, en la famosa matanza del 2 de octubre, en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco.

De acuerdo con el historiador Ariel Rodríguez Kuri, este hecho se ha convertido “en una escena primaria en el sentido freudiano, es decir, es algo que al mismo tiempo recordamos, negamos y nos duele; recordamos de manera muy disímil porque el acto de la memoria implica el olvido.

“Entonces vamos formando una narrativa que nos ha llevado paradojas extraordinarias en este caso, se dice que quien ganó en la memoria fueron los derrotados, el relato que sobrevive es el de los masacrados”, explicó en el coloquio La Lucha por la Memoria: Dar Voz al Silencio, realizada en El Colmex.

Así a 50 años de ese trágico 2 de octubre de 1986, en el que la sangre calló sobre la Plaza de las Tres Culturas, la imagen de los jóvenes que en ese entonces fueron considerados por algunos sectores de la sociedad como revoltosos y vándalos, se transformó en la de luchadores sociales, que fueron capaces de abrir el camino para conquistar la libertad de expresión y democracia en este México que los que nacieron aquí, sienten suyo.