Lágrimas de impotencia

La imagen con James Rodríguez desconsolado, incapaz de encajar la derrota ante Brasil y la eliminación del Mundial 2014, resumió el sentir de toda Colombia, que lamentó, con impotencia, el final de un sueño.
James tardará en encajar el término de una etapa inolvidable. Descabalgar de un escenario donde se ha movido a su antojo. Donde disfrutó y que convirtió en un escaparate inmenso, para proyectar su talento y en erigirse en uno de los grandes de este deporte.
El jugador del Mónaco dejó en Brasil su sello. También al final. No se escondió el atacante. El que menos tardó en creer en las posibilidades de triunfo de todo su equipo. Lideró al conjunto cafetero y no se escondió. A pesar de la emboscada a la que fue sometido una y otra vez por el entramado defensivo brasileño.
“Estoy llorando porque creo que dimos todo dentro. Brasil es un buen equipo. Dejamos todo y por eso estamos tranquilos. Queríamos seguir. Pero bueno. Estamos bien”, asumió todavía caliente el jugador de Colombia en Brasil, de donde sale como estrella.
La irrupción en el torneo de este jugador de Cúcuta superó la nostalgia por Falcao, el único que llegó a Sao Paulo instalado entre el olimpo del fútbol, capaz de cuestionar el reinado de Messi, Neymar o Cristiano.
James asumió el reto. Y acaparó mejores números que ambos. Seis goles en cinco partidos. Una cifra que puede dejarle como máximo goleador de la competición.
“James es brillante. Soñamos juntos que podía hacer un gran Mundial y lo ha hecho. Es un lujo para el fútbol que haya aparecido un jugador como él”, dijo sobre él Jose Pekerman al final de su última rueda de prensa como competidor.
El atacante colombiano mostró maneras de líder. De asumir la responsabilidad. No temió cuando cogió el balón para lanzar el penalti. Por delante del primer tirador, Juan Guillermo Cuadrado, que le abrió paso hasta los once metros. James lanzó con firmeza y seguridad para batir a Julio César e iniciar la resurrección de su equipo.
Colombia tardó en creer en el triunfo. En saber que podría permanecer en el sueño. James lo hizo mucho antes y su equipo no le siguió. Cuando se dio cuenta, ya era tarde. Faltó tiempo y convicción para pensar que el conjunto cafetero, capaz de sorprender, podría tumbar al anfitrión y dar un paso más en su historia.

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