“Siempre fue un barrio bravo; sin embargo, lo de ahora se excede. Puebla ya no es una ciudad segura, ya no hay tranquilidad”, relata Guadalupe Cisneros, vecina del barrio de San Miguelito.

Sentada en una vieja silla de madera, relata como el miedo se apoderó de las calles en las últimas semanas. Su narración es pausada, da una bocanada a su cigarrillo, mientras observa como las unidades del transporte público pelean por el pasaje.

El ex barrio ferrocarrilero, perteneciente al cuadrante de la Zona de Monumentos del Centro Histórico de la ciudad de Puebla, vive horas aciagas, fiel reflejo de lo que se vive a diario en el estado. Robo con violencia, venta de droga y ‘huachicol’, a plena luz del día, homicidios.

“Tenía años de no sentir ese temor. Ya no es una ciudad segura”, comenta la señora de la tercera edad, quien recuerda como el pasado sábado 16 de febrero asaltaron el negocio de extintores “Mateci”, ubicado en la 8 Poniente 1501, esquina con la 15 Norte, en donde el propietario perdió la vida.

Los sujetos ingresaron al negocio, amagaron al personal, exigían el dinero; al tener el botín, uno de ellos disparó, el balazo impactó en el tórax de José Bonifacio, dueño del establecimiento. Los hampones huyeron; sin embargo, uno fue detenido sobre la 15 Norte, su cómplice se dio a la fuga.

Después de permanecer tres días en el área de terapia intensiva, José murió. La Fiscalía General del Estado tomó cartas en el asunto e investiga el hecho el expediente es el CDI-2920/2019/ZC. Hasta el momento, no hay avances.

“Pero el diablo sigue en el barrio, no se ha ido”, comenta la señora, quien lamenta el asesinato de su vecino, un ex trabajador del Seguro Social. “Vivía solo, en uno de los departamentos del edificio 1315 de la 8 Poniente. Era un hombre parco, solitario, tranquilo, no tenía problemas con nadie”, recuerda.

Sin embargo, un verdadero galimatías resulta el caso para las autoridades. La mañana del lunes 18 de febrero lo encontraron muerto en su departamento, donde llevaba viviendo los últimos 40 años.

Según los vecinos, era un hombre solitario, al cual no le conocieron familia que lo visitara; por ello, al ver a los agentes ministeriales en el lugar pensaron que el hombre murió de causas naturales, no se percataron de ningún sonido impulsivo, o que al menos indicara algún tipo de forcejeo.

Lo anterior contrasta con la forma violenta en cómo lo mataron. El cadáver se encontró amarrado de pies y manos y amordazado; además, presentaba huellas de golpes en la cabeza. Murió por asfixia, lo estrangularon.

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No es el primer incidente de este tipo en el barrio de San Miguelito, el año pasado se registraron dos homicidios contra adultos mayores; en ambos casos, los ahora occisos vivían solos.

El 19 de junio de 2018 se registró un incendio en la vivienda marcada con el número 105 de la 10 Poniente, entre la 17 y la 15 Norte. Al lugar acudieron cuerpos de Bomberos y tras sofocar las llamas, se retiraron del lugar pues no encontraron a ninguna persona en el cuarto.

Sin embargo, días después los vecinos se percataron de un olor fétido; el cual, provenía del departamento de Hugo A, a quien no habían visto. Al inspeccionar el lugar, una vecina removió unas cobijas que cubrían un tambo; su sorpresa fue mayúscula, adentro yacía el cuerpo de su vecino. Quien lo mató y lo intentó calcinar.

El barrio se derrumba lentamente, como la vieja casona de la 8 Poniente y la 17 Norte, comenta Cisneros mientras camina lento hacía el parque de la iglesia del “Señor de los Trabajos”.

Por JTF