Este miércoles se cumplen 90 años del nacimiento de Marilyn Monroe, uno de los mayores mitos sexuales de Hollywood, que bajo esa coraza de rubia despampanante y arrebatadora, escondía una fragilidad a flor de piel, producto de una infancia rota de cuyos fantasmas nunca logró escapar.

«Murió con 36 años dejando un imperio fascinante», dijo Martin Nolan, director ejecutivo de Julien’s Auctions, la casa que ha lanzado una histórica subasta de objetos pertenecientes a la diva en conmemoración de su 90 aniversario.

«Tuvo una infancia muy difícil. Creció en hogares de acogida mientras su madre estaba ingresada en un psiquiátrico. Nunca conoció a su padre. Se casó tres veces, pero nunca encontró la lealtad ni la cercanía de sus parejas. Escribía poesía para refugiarse del exterior», valoró Nolan, gran conocedor de la vida de la artista.

«Era sumamente vulnerable e insegura», agregó, «por eso, para conseguir la fama, creó esa personalidad de mujer explosiva, voluptuosa y sexual. Levantó su propia empresa e hizo sus propias películas. Al final, quería escapar de todo lo que había logrado, pero era demasiado grande».

Interpretó a un sinfín de «rubias tontas» en Hollywood, pero no fue una de ellas.

Se alzó con tres Globos de Oro -ganó como Mejor Actriz de Comedia por «Some Like It Hot» (1959) y los otros dos fueron honoríficos como la actriz favorita del público-, fue nominada en dos ocasiones a los BAFTA británicos -como Mejor Actriz Extranjera, por «The Seven Year Itch» (1955) y «The Prince And The Showgirl» (1957)- y grabó sus huellas en el Paseo de la Fama de Hollywood en 1960.

Su estrella sigue siendo una de las más buscadas y fotografiadas por los curiosos.

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