Las carencias económicas, la falta de especialistas y la estigmatización de las enfermedades mentales son factores que vulneran la salud de la población de la tercera edad.

El último informe del INEGI reveló una tendencia con un alto valor proyectivo para las políticas públicas y la estructuración social en su conjunto: México está envejeciendo. Con respecto a la información del censo 2010, el porcentaje de población adulta mayor aumentó tres puntos, lo que significa que el 12% de la ciudadanía mexicana (12 millones) es mayor de 60 años.

En contraste, la población menor de edad disminuyó en un 5% y la edad promedio pasó de 26 a 29 años. La tendencia representa un llamado a la acción por una vejez digna al que se sumó la IBERO Puebla mediante una mesa de diálogo especializada en donde se exploraron algunos de los retos que enfrenta este creciente sector social.

Casi siete de cada diez adultos mayores padecen alguna discapacidad física, intelectual o psíquica, así como distintas enfermedades crónicas. Es a través de la geriatría que se atienden situaciones específicas de esta etapa como deterioro cognitivo, demencia, trastornos del sueño, depresión, ansiedad, consumo de sustancias, entre otros. Para el Dr. Hugo Vega Hernández, uno de los mayores retos consiste en desestigmatizar la salud mental a través de la información.

Condiciones como la demencia senil o el párkinson no solo requieren de acompañamiento neurológico, sino también motriz. “Los fisioterapeutas llegamos cuando el médico dice ‘ya no hay nada que hacer’”, compartió Eva Genoveva Muñoz Huerta, quien no solo ha tenido que lidiar con el pesimismo de los médicos, sino con el abandono de pacientes por parte de sus familias.

Aunque cerca de seis millones de adultos mayores habitan en hogares nucleares, se estima que 1.7 millones viven solos. Ambos escenarios son contemplados en la Clínica de Evaluación Funcional y Nutricional del Adulto Mayor de la Ibero Ciudad de México, cuya principal asignatura es el fomento de la vejez sana a través de la conservación de las capacidades funcionales.

Mediante evaluaciones integrales, los pacientes reciben atención especializada en aspectos motrices, farmacológicos, nutricionales y psicoafectivos. “Como profesionales de la salud debemos identificar si nuestros adultos mayores cuentan con alguna fragilidad [y atenderla]”, compartió la Mtra. Miriam López Teros, colaboradora de la clínica.

Acompañamiento interdisciplinar

Como fisioterapeuta, Eva Genoveva Muñoz ha actuado como asistente de primera línea debido a los altos costos que suponen los tratamientos médicos integrales, cumpliendo a veces las labores desempeñadas por psicólogos y nutriólogos. “No es suficiente lo que hagamos a través del movimiento. Necesitamos de muchos especialistas que entren al apoyo”, aseguró.

Tal es el caso de la neuróloga Ana Laura Utrilla, cuya labor se centra en determinar el grado de afectación cognitiva para fijar un tratamiento basado en las actividades que se ven interrumpidas: no se atiende igual, explicó la experta, a una persona productiva que una con hábitos sedentarios.

Los pacientes suelen acudir a una consulta neurológica cuando perciben cambios en sus habilidades cognitivas. No obstante, también existen casos en los que el adulto mayor se resiste a la atención, lo que lo coloca en riesgo de desarrollar trastornos más complejos.

El trabajo con la salud mental no es sencillo. Si bien las generaciones más jóvenes comienzan a abrazar la posibilidad de recibir ayuda psicoemocional, los adultos mayores continúan percibiéndolo como una ofensa o un gasto innecesario. Esto ha provocado que el trabajo del Dr. Hugo Vega se enfoque principalmente en la contención de enfermedades que pudieron haberse prevenido.

El geriatra enfatizó que el trabajo multidisciplinario responde a la complejidad de la salud humana, pues cada área trabaja para diagnosticar, prevenir e intervenir en el deterioro de las personas adultas mayores. El acompañamiento de la familia, agregó, también es esencial para una recuperación armónica.

Los especialistas coinciden en que el proceso de prevención y atención debe iniciar en las aulas de las ciencias de la salud. Miriam López consideró que los planes de estudio de las carreras en nutrición deberían incluir el tratamiento de adultos mayores en sus currículos obligatorios, pues la mayoría de las veces se relega a las especialidades.

El panel recomendó a los estudiantes del área de salud encontrar afinidades con sus pacientes para encontrar sus motivaciones de vida. Lejos de representar un tiempo perdido, estos estímulos permiten hacer valoraciones primarias del estado neuropsicológico al tiempo que brindan al adulto mayor a soltar sus resistencias y sentirse cómodo.