El diagnóstico es claro, vivimos una etapa de corrupción exacerbado en donde a diario debatimos de ella con falta de claridad en sus causas más próximas a nuestra vida diaria, e influenciadas nuestras opiniones por una percepción acumulada en la constante hiperinflación mediática y el protagonismo en la arena de la demagogia política; en contra partida, el uso de la justicia penal como mecanismo de venganza y persecución de los detractores de un régimen fugaz.

Desde está óptica generar una apreciación completa de la corrupción no es tarea fácil, máxime cuando el discurso político hace uso del término sólo para descalificar prácticas del pasado sin reconocer los yerros del presente, sujetando su pobre argumento en un asunto de conciencia moral y cultural que se vuelve práctica cotidiana, o lo que el vulgo general llama “deporte nacional”, y cuya metáfora podemos asociar a la “Hidra de Lerna”, por ser la exacta representación de un mal congénito de múltiples cabezas del cual no queremos escapar, quizá por comodidad.

Esta sucinta alegoría confluye con el hipócrita hastío generalizado de observar con aparente indignación el hecho de que a sabiendas de que un funcionario público es corrupto, éste no será castigado, sino por el contrario, obtendrá la venía del altísimo para redimir su pecado por lealtad ciega al régimen en turno, esperando jamás caer en el infortunio de tener que eximir sus culpas por algo más profundo llamado dignidad, cualidad o virtud que resulta en nuestros días una mera falacia.

De tal suerte que, podemos aseverar que la corrupción es la gran trama de las relaciones de poder hasta nuestros días, el afiche más rentable para los medios de comunicación y el instrumento de charla cotidiano, sin aceptar que sus efectos y consecuencias seguimos normalizando al grado de hacer de ella costumbre, una costumbre propia del sincretismo nacional, la cual resulta ya difícil extirpar por la ausencia de consciencia colectiva. Conciencia que debemos recobrar para no ser cómplices y artífices de esta blasfemia llamada corrupción.