Decíamos ayer que el tiempo se nos agotaba, el confinamiento parecía ser una cachetada a nuestros estilos de vida para decirnos: “cambiemos”. El escenario se veía catastrófico, al menos eso era lo que compartíamos al mirar al extranjero. Italia y la ciudad de Nueva York fueron dos escenarios en donde las imágenes que vimos fueron desgarradoras.

Luego vino la vacuna, la esperanza nacida de la desesperanza (para algunos).

Pero al final, no cambiamos nuestro estilo de vida, seguimos con nuestras prácticas regulares de salir como si nada en el mundo exterior pasara. De ahí quizás la preocupación de gobiernos, como el francés, por exigir a su población el contar con un certificado de vacunación para poder ingresar a un bar o restaurante; incluso, subir a un autobús, ya ni hablemos de las restricciones que nuevamente se imponen en los países asiáticos ante la virulenta cepa Delta.

¿Qué ha pasado entonces?

En tanto, avanzan las jornadas de vacunación y más mexicanos son vacunados el sentimiento y autoengaño pareciera nos vuelve más irresponsables, por qué, porque es parte de nuestra naturaleza.

Hoy Puebla tiene un total de 88 mil 915 casos confirmados, con una tasa acelerada de contagios que comenzarán a saturar los servicios de salud en próximas semanas.

Lo preocupante es que la propagación entre adultos jóvenes y adolescentes comienza a cobrar sus primeras víctimas. Expresiones como: “¡me vale madre, ya estoy vacunado!”, parece ser la constante del mexicano egoísta, que no considera el riesgo de nuevos contagios por su irresponsabilidad.

Sin duda, el sentido gregario o mejor dicho la “sociabilidad humana” está grabada en nuestro ADN, entendido como el patrón natural que da cuenta a la tendencia humana a seguir normas y al impulso a interactuar unos con otros, lo que parece de entrada difícil para cambiar hábitos y pautas de conducta normalizados. Karl Marx lo afirmaba, al sostener que la esencia humana no es algo abstracto e inherente sino el conjunto de relaciones sociales y, por consiguiente, dicho individuo abstracto pertenecería, en realidad, a una determinada forma de sociedad, la cual, para el caso latino, incluyéndonos a los mexicanos, está cargada de un determinante social festivo y efusivo, que impide en el corto plazo cambios de conducta, máxime cuando estos no son socializados desde gobiernos más responsablemente.

Pero la cosa es aún más preocupante, el aumento gradual de contagios, pondrá a prueba nuevamente a los gobiernos frente a la recuperación económica de las ciudades, y los augurios no son nada alentadores, habrá más despidos y una acelerada contracción de empleos, ante la posibilidad de un nuevo encierro, en donde el sector servicios será el más afectado.

Por eso el llamado franco y honesto para hacer nuestra parte, fomentando el autocuidado de manera solidaria. Es una responsabilidad compartida, por el presente y el futuro inmediato.