Un análisis sobre una casa colonial ubicada en San Luis Tehuiloyocan, Puebla —en la que se practicaban ritos demoníacos durante el último tercio del siglo XVIII—, ofrece el libro La guarida del diablo.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el autor del volumen, José Antonio Terán Bonilla, presenta, además de una lectura iconográfica de la fachada de la casa interior, elementos que le permiten sostener que esta morada fue erigida para el culto al demonio en contraposición al cercano santuario católico de Santa María Tonantzintla.

Para el investigador, mas allá del morbo que genera, la antigua vivienda es una manifestación plástico-espacial de los pensamientos y rituales mágicos en un ámbito rural de la Nueva España.

01CUn punto importante es que la casa, que hoy en día aloja a la Biblioteca Pública de San Luis Tehuiloyocan, pasó desapercibida entre las demás del pueblo y que sus altas bardas sirvieron de protección para ocultar sus murales profanos.

“Si la Inquisición hubiera descubierto esta construcción la hubiera destruido, pues las escenas obscenas no eran permisibles, así como el escribir de manera incorrecta las oraciones. Prohibiciones que presenta el recinto en cuestión”, señaló Terán Bonilla.

Otro aspecto a tomar en cuenta, aseguró el también arquitecto, es el referente a la orientación del inmueble, de modo que se planeó de forma deliberada hacia el poniente, contrario a lo que marca el catolicismo.

Lo anterior, es uno de los motivos por los que el arquitecto piensa que la misteriosa casa de Tehuiloyocan es una contraposición al santuario de Santa María Tonantzintla, el cual sí se diseñó bajo las indicaciones de orientación y planta arquitectónica sugerida por los liturgistas y vigentes durante el periodo barroco.

Posiblemente, dijo que la edificación fue construida “en contraposición con las festividades que se hacían en Tonantzintla por el nombramiento de la Inmaculada Concepción, en 1760, como patrona de las colonias españolas”.

Es de mencionar que se desconoce el momento en que la casona dejó de funcionar para los rituales mágicos y comenzó a modificarse, de manera que en su gran patio se construyeron corrales y cobertizos.

 

 

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Doña Lucina Cuateco habitó por 15 años la Casa del Diablo, herencia de su esposo, jamás vio o sintió algo extraño. (Foto: @JavierLopezDiaz)